Tweet Segui @dini912030 Maleta de Opiniones: Política
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25 marzo, 2012

Chile necesita un cambio (pero de líderes).

Mirar las noticias hoy es como leer un libro de historia situado en 1924. Los parlamentarios discuten cuánto ganarán mientras que diversas leyes sociales no son aprobadas. Chile está a punto de estallar y Alessandri “aviva la cueca” envalentonando a las masas para que lo apoyen. Todo antes de que interviniera la casta militar y se abriera un ciclo de tumultos políticos que acabaría recién en 1932. Edwards miraba los acontecimientos de su tiempo (por cierto, de una manera muy acertada) con un ojo crítico que lo llevaba hasta “el día antes de Lircay”, es decir, a una transformación radical en el orden y el sistema político.

No podemos dejar de observar ciertos hechos que saltan a la vista. Concertación y Alianza son dos variantes de una misma realidad económica que, con ciertos matices, se mantiene. Miles de personas salen a las calles a mostrar el desacuerdo ante el manejo y abuso del sistema económico, nuestras autoridades parecieran no oír las voces que piden avances (que realmente se noten) y nuestra clase política se mantiene ahí, inamovible si no es por la acción de las masas informadas que piden reformas estructurales.

22 años de democracia nos enseñaron que ya pasó la época de los grandes discursos sin fundamento, del voto únicamente “por la persona”, y del sufragio “por el partido” (o porque es “de la Concertación”). Hoy se hace necesaria, más que nunca, una generación de líderes que provenga de las masas, que sea capaz de recoger el sentir más fino de la gente y lo transforme en propuestas de solución concretas y visibles. Es fundamental que la política tradicional se renueve para dar paso a las nuevas generaciones salidas de la calle.

Sí, hay mucha gente que “hace la pega”, eso no se puede negar. Sin embargo, hay mucha gente que se aburrió de esa forma “vieja” de hacer política en la que prima el compadrazgo, el apellido, la negociación entre cuatro paredes. Lo bueno es que no debemos perder la calma: esa generación está aquí, para germinar un nuevo grupo de líderes que, de seguro, no estará tan contaminado como los que tradicionalmente manejan el poder.

Ello devela la necesidad de nuevos perfiles de liderazgo que combinen la acción efectiva con el conocimiento de las reales necesidades de los movimientos sociales, el recorrer cada punto del territorio con el sustento teórico y las ideas que sustenten el accionar. Y, por sobre todo, no perder las raíces, no perder la calma y estar siempre dispuesto a buscar el acuerdo.

Varias personas calzan en este perfil. Es de esperar que su incorporación a este mundo tan complejo (y quienes lo manejan, algunos al punto de que se creen “indispensables”) no los mate en el camino.

La importancia de un Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Siempre caemos en el mismo mal de siempre: Chile pretende ser desarrollado sobre bases frágiles que lo hacen insostenible. Lo peor es que seguimos en la misma senda y apostaría mi cabeza a que el día que lleguemos a la meta será tan desigual que habrá gente muriéndose de hambre o endeudada hasta el cuello mientras que el gobierno de turno celebra la buena nueva.

Sin embargo, como he señalado en otras oportunidades, debemos tener como una de nuestras primeras metas en esta senda el poder otorgar el mayor valor agregado a nuestros productos y hacer que, por medio de la innovación, nuestros procesos productivos sean menos costosos y más eficientes, para poder acceder de manera competitiva a los mercados internacionales. Mientras no lo logremos, le seguiremos vendiendo “en bruto” al mundo a un dólar y compraremos elaborado a seis.

Hasta 2000, la conexión económica a través de los Tratados de Libre Comercio fue fundamental; entre 2000 y 2010, el empeño estuvo en crear infraestructura para el desarrollo. Ambas metas fueron logradas con la incorporación que se puede apreciar a simple vista. Sin embargo, la gran deuda pendiente ha sido la innovación y el aporte al área de las ciencias y la tecnología. Los fondos que se aportan son mínimos y los aportes a la investigación siguen siendo bajos con respecto a la región.

Es por ello que se hace necesario crear un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que aporte a la solución de estas necesidades y que traspase los frutos del progreso económico a la reinversión para su mejor potenciación.

De las múltiples lecturas de la historia nacional se puede deducir una vía histórica de desarrollo económico (que siempre nos lleva a la “frustración”): alcanzar metas muy altas en un período muy corto (ambición sistemática de todos los gobiernos) y con los mismos medios de hace una o más décadas atrás. Es decir, construir un edificio con bases de adobe.

La tarea, desde esta perspectiva, es fortalecer al aparato estatal para que el desarrollo (económico) sea viable y justo para todos los actores, con el fin de alcanzarlo de una vez por todas. Y no sólo eso, todo esto debe ir de la mano con las buenas ideas y el fortalecimiento de la producción, para que de una buena vez sea realidad.

10 enero, 2012

La gran reunión de las izquierdas.

El sistema político nacional ha dejado nuevamente en evidencia su constitución en tres tercios (Alianza, Concertación-Juntos Podemos y ciudadanía que no adhiere a estas colectividades) que no se han movido en dos décadas de sus puestos debido a la base que les otorga el sistema binominal. Todo en pos de la estabilidad democrática y la “razón de Estado”.

Sin querer, el modelo se reproduce en distintas áreas de la vida nacional, especialmente en la universitaria. Cuando son casas de estudio con una pluralidad de carreras amplia no hay problema: todas las tendencias están representadas. Pero, ¿Qué pasa cuando las distintas facciones de un mismo sector se disputan el poder con el fin de “crear conciencia” sin obtener sendas mayorías?

Algo no calza en los porcentajes.

Los niveles de participación son bajos, muchas veces con los quórum al límite y, a pesar de los esfuerzos que han hecho todos los que han manejado poder, no hay resultados. Las cosas siguen igual y, al parecer, la tendencia se consolida. Existe una tremenda distancia entre dirigentes y una amplia masa de dirigidos. Nada parece revertir la tendencia.

Posibles causas: la intransigencia, la falta de dialogo (que al final es un monologo eterno manejado deliberadamente para, en un minuto, aburrir a la audiencia y permitir las mayorías necesarias), la presión para conseguir ciertos fines, la exclusión indirecta por medio de la sanción social. Y así, decenas de razones que se pueden nombrar y que redundan en que la gente se aburra y se vaya a almorzar evitándose otro dolor de cabeza.

Si se quiere mantener la unión hay que tener una mínima tolerancia al disenso y al debate con argumentos sólidos (y no repetir los mismos de siempre que al final recaen en una triste pobreza argumental), a dar cabida a las distintas voces que piden diálogo y acuerdos mínimos en circunstancias estratégicas.

Y no solo eso: a una alternativa que amplíe la mirada y convoque a la gran reunión de las izquierdas. Seamos claros: nos encontramos en una Universidad que prefiere esta tendencia y que debería estar a la vanguardia con una base efectiva que contemple el contacto fluido con todos los estudiantes de todas las tendencias y no solo con una minoría que cree eternamente que todo lo hace bien.

Nuestra Universidad debería dar el ejemplo en cuanto a inclusión y amplitud en la discusión de los grandes temas estudiantiles, locales, regionales y nacionales, convirtiéndose en el articulador del futuro. Hay que convocar a todos a aportar con un rayo mas para prender el sol del mañana y alzar la gran voz que modele el futuro, el camino a las utopías desde la mejora de las realidades concretas.

La única solución posible es convocar a la gran reunión amplia de las izquierdas. El último plebiscito nos invitó a todos a repensar la manera en que hacemos las cosas y que el modelo añejo de minorías debe morir para dar paso al dialogo entre hermanos mirando de frente a la nueva alborada.

04 enero, 2012

Cultura de asamblea: devolver la voz.

En un rincón del fin del mundo cientos de estudiantes se han quedado mudos. Ya no les interesa hablar ni que los escuchen. Ya no confían ni en las elecciones ni en las instancias para exponer su pensamiento.

Muchos hablan queriendo expresar su punto de vista y se atropellan en frases ensordecedoras que prometen no solo la copia feliz del Edén, sino que el paraíso mismo. Las palabras saben a alegría y descontento, a rebeldía y firme convicción. El dialogo parece avanzar pero retrocede dos pasos porque no se llega a acuerdo. Al final, siempre vuelve al origen. Hay caras descontentas pero son la minoría.

A varios más ya no les interesa entrar a la sala. Un día, a uno se le ocurrió intervenir, pero las miradas y las murmuraciones fueron más fuertes. La cultura de la asamblea hacia caer su peso en los hombros de él. Prefirió darse la media vuelta e ir a almorzar. Pasaría menos rabietas.

Varios hicieron lo mismo. La asistencia bajaba. Los que se quedaban se preguntaban por qué. La respuesta estaba, silenciosa, frente a sus ojos, pero nadie decía nada. Era mejor tacharlos de “fachos” por la votación en el plebiscito o de “inconsecuentes” por no ir. La confianza se había roto.

Entre que el caminaba y comía una barra de cereal, no podía dejar de pensar en la imagen anterior. Se encontró con varios que habían sido pasados a llevar y habían enmudecido ante aquella cultura tan densa. Conversaban siempre sobre la situación, pelaban a destajo, pero siempre llegaban al mismo punto: como no tenían peso al final quedaban en nada. Era más fácil seguir estudiando.

Aunque, lo primero que les diría a la cara, es que no saben conversar. Para dialogar se necesitan dos con altura de miras y buenos argumentos y eso no existía. Era un monologo de muchos en una sola voz.

Por eso, les diría, la primera tarea que deberían hacer es reconstruir las confianzas, traducidas en moderar el dialogo (incluso, encargando a una persona que controlara los tiempos en las asambleas). Cuidar ese respeto que es garantía de una buena democracia (que tanto dicen defender) a través de estatutos claros y públicos. O podría haberles sugerido que publicaran por correo y afuera de las salas correspondientes los resultados de la asamblea anterior y de lo que se tratara, siendo puntuales con las horas y los tiempos.

Pero cuando quiso ir y los tuvo delante de él no pudo sacar palabra. Era tan fuerte la cultura de la asamblea que había enmudecido.

¿Dictadura o Gobierno Militar?

Se denomina dictadura a una forma de gobierno iniciada con la forma violenta del poder y ejercida con una fuerte represión en contra de sus opositores, características que corresponden al gobierno de esa etapa”. (1)

¿No correspondería esta, acaso, una buena definición sobre el horror traumático de lo que fue la Dictadura Militar en Chile? El Ministerio de Educación de la Republica de Chile ha convocado a todos los chilenos y chilenas a ser parte del primer baile de mascaras del año 2012, en el que cambiaremos este concepto por el relato del autor de clásicos como Política, politiquería y demagogia, El día decisivo y Patria y Democracia:

“El 11 de septiembre de 1973 será considerado en nuestra Patria como uno de los sucesos políticos más importantes de su historia, tanto como el nacimiento de Chile (...) o como la creación del Estado Portaliano de 1830. (...) Esta dura acción militar estuvo destinada a repudiar la obra totalitaria soviética (...) que [había llevado al Gobierno] a un estado de destrucción de los cimientos democráticos desde sus bases. (...) Este gobierno no solo cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, sino que también con el apoyo mayoritario de la ciudadanía”. (2)

¿Cuántas veces han escuchado el mito de la Ocupación de la Araucanía? ¿O el de que la Independencia fue una gesta colectiva y popular? ¿O aquel que cuenta la Revolución de 1891? ¿Sabían de la existencia de los 12 días de la Republica Socialista de Chile?

Hoy hemos asistido a una nueva función en el largo espectáculo de nuestras elites por mostrarnos como cooptan, moldean y falsean a su gusto a la Historia, ese ser que se compone de vivencias y acontecimientos, con el fin de que nuestros estudiantes se formen una verdad que se aleje de lo que realmente pasó. Necesitan generar una fuerte identidad colectiva que reconozca en esa definición las causas de lo que ha pasado en nuestro país.

Digamos las cosas como son: a un sector de la población (a los menos el 12% del país) le duele en lo más hondo de la conciencia cívica el que se le llame DICTADURA al periodo comprendido entre 1973 y 1990. Salta en ira y rabia cuando se le recuerda como fue fundado el Chile del siglo XXI y como se impuso al país una verdad a sangre y fuego, arrogándose una soberanía inútil en nombre de los “altos valores nacionales”.

El gobierno militar chileno, entonces, vuelve a la escena en el gobierno democrático. Se nos vuelve a enrostrar que el orden económico-social actual está fundado sobre el visionario Pinochet, sobre las Fuerzas Armadas como garantes de la institucionalidad. Un ordenamiento que se encuentra inmerso en un discurso contradictorio incluso con el artículo 7º de la Constitución, ese que dice que “ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias la soberanía. (3)

¿Qué se hizo, entonces, con ese supuesto poder entregado a gritos por la ciudadanía? Lo que todos sabemos: terminar con la marcha democrática del país y emular a Carlos Ibáñez del Campo, su ideólogo, fundando un “nuevo Chile”. Esto, porque “Tiene una importancia fundamental el clamor generalizado de la abrumadora mayoría del pueblo chileno, del cual las Fuerzas Armadas son expresión”. (4)

Si todos hemos reaccionado como lo hicimos hoy no es solamente porque el Ministro de Educación haya llevado la línea del CEP al Gobierno o porque se cambie la terminología, es porque estamos aburridos, como colectivo social, de que quienes detentan el poder no hagan un esfuerzo por contar las cosas tal cual son por miedo a encontrarse con los traumas que los deslegitiman y que los hacen repudiables.

Este es el llamado de este columnista en representación de muchas personas que piden a sus gobernantes no hacer “goles de media cancha” y cambiar logros que permitieron la tan anhelada reconciliación nacional. La RAE define a la Dictadura como el “Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”. Creo que es hora de que nos hagamos cargo de las verdades y las contemos tal cual ocurrieron. (5)

No queremos volver a cometer el error de generar una nueva “Pacificación” de la Araucanía. Y aunque así ocurriera, los profesores sabremos contar las dos versiones: la oficial, la del libro, y la que se cuenta en pasillo, con la adecuada mesura en el relato.

Pero, viajemos al pasado y preguntémosle al propio Augusto Pinochet que piensa al respecto. El nos dice:

“Producido el Pronunciamiento Militar, el 11 de septiembre de 1973, e investido, desde esos instantes, de tan altas responsabilidades de Estado, me he detenido en no pocas ocasiones para meditar lo que para mí ha significado asumir (...) el ser gobernante y ser militar al mismo tiempo. (...) Los militares entendemos aquella permanente acción de guerra en la que se encuentra el comunismo soviético. Y por ello, quizás, somos el mayor obstáculo para la acción imperialista de la URSS”. (6)

Referencias:

(1) Ministerio de Educación. (2010) Texto de estudio Historia, Geografía y Ciencias Sociales 6º año básico. Editorial Mare Nostrum. Santiago.

(2) Augusto Pinochet. (1988). Pinochet, Patria y Democracia. Editorial Andrés Bello. Santiago.

(3) Editorial Jurídica de Chile. (1983). Constitución Política de la Republica de Chile. Editorial Jurídica de Chile. Santiago.

(4) Augusto Pinochet. (1983). Política, Politiquería y Demagogia. Editorial Renacimiento.

(5) Augusto Pinochet. (1983). Ibíd.

(6) Real Academia de la Lengua Española. www.rae.es

21 septiembre, 2011

El Estado Complementarista: una "nueva democracia".

Nuestro sistema político se define como democrático representativo, donde tenemos voz y voto, donde podemos elegir y ser elegidos, donde tenemos derecho a participar en las decisiones que tomen los grupos de poder. Lamentablemente, esto choca brutalmente con una tremenda realidad: una mayoría abrumadora de los chilenos no se siente representado por persona ni institución alguna, no habla de política y no le interesa prácticamente lo que pasa en el país. El sistema imperante logró su objetivo: llevarnos a tal punto que nos preocupáramos por aquel laberíntico mundo que se esconde en la pelusa de nuestro ombligo cada vez más abultado por el sedentarismo (alimenticio y político).

Gloriosa fue la era de Frei Montalva donde se fortalecieron las organizaciones vecinales y se fomentó la cohesión social; gloriosa es esta etapa en la que nos estamos cuestionando incluso las bases de la esencia del Estado y el Gobierno chilenos: la Constitución. Aquella ley que Portales quería violar cuantas veces fuera necesaria para acallar las voces de la divergencia e imponer el orden. Nuestro actual modelo señala que hay que cuidar al país porque “no hay otro”, cuando en realidad todo el mundo se lleva el agua de nuestros ríos y los frutos de la tierra, mientras aquí rasguñamos los salmones que no exportamos y las frutas que no quedaron en los cajones para Japón.

En cualquier modelo de desarrollo de corte social el Estado se arroga la voluntad popular y planifica según los grupos de poder vinculados a él sin preguntar a nadie. Las instituciones que actualmente se encuentran vigentes en tanto representantes de la ciudadanía no nos representan: pasamos de transferir nuestro poder para que nos representaran y confiar en que la clase política lo haría bien a caer en un sedentarismo político. Miramos por la televisión cómo pasa la vida y la antigua vida al aire libre que tanto fomentaron nuestros padres queda como un recuerdo, como la canción del “carrero” de Tito Fernández.

Hay un dicho que dice que “para que las cosas salgan bien tiene que hacerlas uno”. Cambiemos el “tiene” por “tenemos” y el “uno” por “los ciudadanos”. Pero para que eso pase de forma efectiva e influir en las decisiones debe haber un gobierno comprometido con la inclusión y la participación y el correcto equilibrio de los integrantes del acontecer nacional, así como la correcta educación de las masas, el alejamiento de las ideologías excluyentes, la voluntad política para hacer grupos transversales de trabajo y la organización de nuestra gente. Si falta uno esto no sirve de nada.

Por ello propongo un nuevo modelo de desarrollo hacia el cual debiésemos avanzar: el Estado Complementarista o Participativo. Complementarista porque busca el equilibrio del poder del mundo privado con su accionar, el poder público a través del aparato estatal, los expertos y la clase política que forman un todo, y la ciudadanía organizada; Participativo porque los ciudadanos tienen en todo momento voz y voto para encontrar los acuerdos. La idea es generar una “nueva democracia”.

La “nueva democracia” tiene dos tipos de ciudadanos: los activos, que se organizan, participan real o virtualmente organizados a través de diversas colectividades (especialmente locales; con todos ellos primordialmente se trabaja); y los pasivos que por diversas razones no están presentes dentro del proceso. Debe existir, antes que todo, un proceso de educación cívica constante de las masas fomentando la inclusión de miembros a las existentes y la formación de nuevas organizaciones. Pero todo siempre preguntándole a la gente primero antes que todo. Porque eso que llaman demagogia (invento de las élites para tachar de debilidad de carácter al que no imponga una ideología) no es más que ese valioso capital de las necesidades e inquietudes que contienen el secreto de las políticas permanentes y efectivas.

Sin embargo, la ciudadanía toda en las elecciones transfiere su poder para ser representados a nivel político. Desde esta perspectiva cuando uno traspasa el poder de esa manera los escogidos ya son parte de otra clase que no se conecta con la ciudadanía global por responder a nuevas funciones e intereses. Por otro lado, el mundo privado también corre con sus propias motivaciones que desde el paradigma actual son válidas.

Por ello el Estado debe, además, adaptar su marco regulatorio a los tiempos que corren. Como lo he propuesto en otras oportunidades en distintos medios (para más detalle consultar http://maletadeopiniones.blogspot.com) deben considerarse reformas consensuadas sobre regionalización, educación, elección de cargos en la administración pública, entre otros. De ahí la importancia de una nueva Ley Fundamental del Estado que vele por la inclusión y no por la exclusión impuesta hace 31 años. Tampoco sacamos nada si no se ponen reglas claras al mundo privado para evitar que las empresas de distintos rubros nos dejen con un desastre ambiental irreparable del cual se arrepientan en 20 años más pidiendo una disculpa inútil.

Por ello, en la “nueva democracia” debemos procurar un Estado, una ciudadanía activa y un mundo privado que sean capaces de proponer planes de desarrollo que se sometan a consejos realmente representativos, en donde ellos mismos se doten representantes para buscar acuerdos. Partiendo de la lógica de que ningún grupo ganará completamente todo lo que busca se pretende encontrar el punto de equilibrio que trate de generar un desarrollo más armónico. Todo ello redundará en políticas de Estado que trascenderán las barreras de las ideologías y de los gobiernos.

Hay un viejo principio del derecho indiano colonial que la República mató: el Juicio de Residencia. Con él todo funcionario debía responder por sus actos antes de finalizar su mandato. Bueno sería que se reviviera esta relación de los méritos y servicios (en una etapa inicial pueden ser Presidente y Ministros) escapando a la instancia interpelatoria del Congreso. Que un Consejo Fiscalizador de Gobierno transversal se encargara de que en una transmisión abierta y sin ninguna censura preguntara a los funcionarios de gobierno por cómo lo hicieron tras una investigación previa.

Probablemente ninguno de estos postulados llegue a ser una realidad porque en un país como éste la voluntad política es inexistente a la hora de incluir a personas como nosotros más allá del voto cada par de años. Sin embargo es menester romper la barrera de la crítica y pasar a la proposición alucinando con aquella propuesta eterna que circula entre las páginas de la historia: el que todos seamos parte sin exclusiones. Esperemos que propuestas como éstas no sean enterradas bajo las suaves cenizas del olvido.

12 agosto, 2011

Nosotros, los hijos de Pinochet el visionario.


“Algunas obras del Gobierno Militar:

Constitución de 1980, Regionalización, edificio del Congreso Nacional, Carretera Longitudinal Austral (“Presidente Augusto Pinochet Ugarte”), Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, Ley Antiterrorista, Consejo de Defensa del Estado, Código del Trabajo, Plan Laboral, Sistema Previsional, Beca Presidente de la República”.

(Fuente: Blog de la Fundación Pinochet. http://fundacionpinochet.blogspot.com/2007/01/algunas-obras-del-gobierno-militar_14.html).

Hoy quiero referirme a un tema que no nos es indiferente. El legado de Augusto Pinochet Ugarte hoy nos pesa sin darnos cuenta, sigue vivo. Porque hoy, nos guste o no, vivimos como los hijos de Pinochet, en la gran casa que el armó como él quería, para la gran familia chilena.

Después de un primer período en que había que instalar el gobierno viene la época en que hay que elaborar un plan para conducir el país que recién se recibía. Y para ello no tenían un plazo definido sino metas que cumplir. El tiempo estaba a favor por lo que se podía emprender un plan maestro para cambiar todo lo existente del gobierno anterior y transformarlo. Había que darle legitimidad al asunto, y es por ello que es declarado en etapas sucesivas Presidente de la Junta de Gobierno, Jefe Supremo de la Nación y, por la Corte Suprema, Presidente de la República.

Al verse con metas y no con la presión de los tiempos contrató a un grupo de asesores para que fueran a estudiar donde estuviera lo mejor. Y así llegaron a la conclusión de que el mundo caminaba hacia la Economía Social de Mercado, que al Estado había que liberarlo en su carga y desprenderse de todas sus empresas menos las estratégicas; que los Municipios debían hacerse cargo de la educación; que los privados administran mejor la salud; en fin, entre muchos otros considerandos que lo privado es mejor que lo público en todo aspecto.

Se nos enseñó un nuevo concepto de libertad. Un viejo chiste dice que las libertades son tres “libertad de comercio, libertad de mercado y libertad de empresa”. Es decir, somos libres para poder tener más por sobre el ser más, adquirirlo todo y tener el deber de ser rico. No importa si caminamos cuadras y cuadras para encontrar el zapato más barato, cada empresa es libre de poner el precio que quiera. No lo culpo de inventar el sistema, sólo de los errores de su implementación. Algo así como lo que dicen de Lagos con el Transantiago pero algunos años antes.

Se nos enseñó que existen chilenos de primera y chilenos de segunda clase. Es decir, como en este país la libertad de empresa es la premisa la salud, la educación y la vivienda pueden ser manejadas por privados. Los chilenos de primera, es decir, los que tienen cierto grado de poder adquisitivo, tienen todo el derecho a escoger donde quieren atenderse con sus recursos. No hay para qué fortalecer lo público, donde podemos mezclarnos todos. Hagamos que en lo privado se seleccione para avanzar mejor. Que lo público se haga cargo de los “cachos” que los privados olvidaron.

Se nos enseñó que lo privado es mejor que lo público, por lo tanto mientras más privado sea, mejor. Como en lo estatal siempre hay que hacer filas y hay que esperar una eternidad por la burocracia lo privado es más rápido. Aunque no sea cierto, lo estatal siempre tiene pérdidas. Lo importante es que a la gente se le meta en el inconsciente que así funcionan las cosas y está bien.

Se nos enseñó que la democracia es un sistema que hay que cuidar y que los “señores políticos” la echaron a perder llevándola al caos. Por eso, ¿Qué mejor que diseñar una Constitución ideal para protegerla después de que se fuera del poder? Aprobada sin registros ni padrón electoral, observadores internacionales o campaña opositora (un mes tuvo la oposición para leerla, criticarla y armar un discurso sin publicidad en los medios), la idea era garantizar que fueran sólo dos alianzas las que gobernarán el país y no los partidos minúsculos de antes, que prácticamente el 75% del Parlamento esté de acuerdo en modificar lo estructural y un porcentaje menor lo accesorio. Es decir, todo para que no se le ocurra a los marxistas deshacer el camino andado.

Se nos enseñó que hablar de política es malo y la gente aprendió que de eso se conversa bajito para que nadie escuche porque puede ser peligroso. Porque, para él, la política y los “señores políticos” destruyeron a este hermoso país. Mientras menos se participe, mientras más alejado se esté de ciertos temas mejor es porque no se molesta a nadie. Una costumbre que en muchas mesas de Chile aún queda.

A Augusto Pinochet, nos guste o no, se le debe reconocer una característica: fue el hombre más visionario y adelantado a su época del Chile Contemporáneo. Porque bajo su mando se asesoró tan bien y dejó el país tan amarrado a su visión que hoy los hijos no sabemos cómo cambiarlo. Y para que se destrabe a nivel político deberían existir acuerdos tan transversales y tan únicos en circunstancias tan particulares que es casi imposible modificar esta realidad.

Por eso no sólo está en riesgo de caer “la educación de Pinochet” sino que, también, un montón de cosas incluidas dentro de esta lógica. El proceso constitucional que se está pidiendo a gritos rompería con una de las lógicas más poderosas de la historia de Chile y de una instalación tan arraigada y de forma tan implícita que chocaría transformarla.

¿A qué quiero llegar con todos estos argumentos? Hay cosas que, evidentemente, no se pueden cambiar y, siendo muy realistas (no derrotistas) no podemos transformarlo todo, porque en algunos casos sería expropiatorio. Sin embargo, sin destruir el Estado ni cosas por el estilo, podemos empoderarnos de la situación actual y seguir presionando por los objetivos centrales de este asunto: la Constitución y el sistema educativo. Por ello es necesario cambiar esto de raíz.

Dejo abierto el debate.

10 agosto, 2011

La Concertación ha muerto.

El título de esta columna seguramente le ha llamado la atención. Le pido sólo esta vez que continúe leyendo y que se fije bien en los argumentos que se expondrán a continuación para no caer en juicios apresurados basados en el nombre de este rincón de opinión.

La Concertación ha sido, como he mencionado, la alianza política más duradera de la historia nacional. Más que el Frente Popular (1937 - 1941; 4 años), la Alianza Democrática (1942 - 1947; 5 años) o el Frente de Acción Popular (1956 - 1969; 13 años), entre otros de menor existencia. Ha recibido porcentajes de votación históricos (dos de ellos con 55% y 57% de las votaciones) y niveles de aprobación que superan largamente la barrera del 50%.

Podemos mencionar largamente las políticas emprendidas durante sus veinte años, pero se pueden mencionar las obras principales. Con Patricio Aylwin se emprendieron las primeras tareas para reconciliar a nuestro país, a través del esclarecimiento de los crímenes cometidos en Dictadura a través de la comisión Rettig. Un crecimiento económico del 7% se acentuó un punto con Eduardo Frei, quién además firmó TLC’s con diversas plataformas comerciales y puso en marcha la Reforma Procesal Penal.

A este anterior “período democratacristiano” que fijó las bases del desarrollo económico chileno le siguió un período de dos gobiernos de centro-izquierda que fijaron las grandes líneas del desarrollo social. Con Ricardo Lagos se lograron políticas como la notable reducción del desempleo y la simbólica pero potente señal de abrir las puertas de La Moneda a toda persona que quisiera conocer el lugar. La Ley de Matrimonio Civil se complementó con políticas que se consolidaron en el gobierno de Michelle Bachelet, con planes como el AUGE, “Chile Solidario”, “Chile Barrio” “Chile Crece Contigo”, “Chile Solidario”, “Puente”, entrega de bonos; y la reforma al sistema previsional en conjunto con un sistema de protección social de base desde la cuna hasta la vejez.

Peco de mencionar sólo lo bueno, es cierto, pero la televisión, la radio y la presa escrita ya han hecho bastante con respecto a crear el “mito negro” de la Concertación. Si usted quiere información sobre la “justicia en la medida de lo posible” o que “en ese gobierno se lo robaron todo” busque información en otra parte. De seguro ya se la sabe.

Es claro: como ciudadanos buscamos el gobierno perfecto, pero debemos ser realistas: ninguno lo será. Todos van a emprender políticas que no nos gusten, lo que no significa no reclamar por lo que es justo. Lo que sí hay que decir es que aunque ningún sistema es perfecto la gente sabe con quién puede lograr cosas y con quién no. El que le diga que el país va a andar bien o que va a llegar con un equipo de personas que ni siquiera comen por atenderlo a usted de forma eficiente NO EXISTE. Piñera se lo ha demostrado de sobra.

El “mito negro” no fue solamente obra de la prensa sino que se fue construyendo solo a través de estas dos décadas. Partió con las escisiones de los partidos Comunista y Humanista debido a las diferencias existentes con la nueva coalición. A ello se le sumó la construcción del mito de las “dos almas” en la agenda valórica, obviando la atención en los acuerdos que siempre existieron.

Lavín ayudó otro poco con la creencia de que el país estaba a las puertas del caos por la delincuencia y, siendo él Longko en Toltén, minero en Chuquicamata y un parroquiano de las ollas comunes de los campamentos construyó un discurso que le valió el apoyo de casi la mitad del país electoral.

En la primera década del 2000 los medios le hicieron creer a la gente que TODOS los miembros del gobierno robaban y se hacían ricos robando. Agreguemos a ello “falta de liderazgo” de Bachelet y la “revolución pingüina”, el mal funcionamiento del sistema de transporte de SANTIAGO, NO DE CHILE junto al nuevo mito de que “la Presidenta es la buena y todos los demás de la política son viejos y sin renovación”.

Los “díscolos” avisaron a tiempo, antes de las elecciones: uno a uno fueron dejando a una coalición que a la par con las obras hechas traicionó a muchos de los firmantes del contrato original. Entre quedarse a ver el fin del edificio y armar una casa chica pero con libertad para actuar, prefirieron irse.

Es por ello que hoy les digo: Señores, la Concertación ha muerto. No murió porque fuera mala o porque no tuviera líderes, sino porque ellos mismos se mataron por la falta de renovación y el constante cuestionamiento de la pérdida del poder.

Se murió porque su representatividad e identificación hoy está rondando el fantasma del 20%, la tercera parte de la votación de Eduardo Frei en 1994 y menos de la mitad de la del Plebiscito del ’89. En fin, la Concertación ya cumplió su ciclo: un ciclo que instauró el crecimiento económico y las reformas sociales para los sectores más vulnerables.

Como simple ciudadano de la República de Chile, observador del acontecer político como muchos, creo que deberían convocar a todo el que quisiera a refundar la Concertación. Copiémosle a la Alianza, hagamos como ellos. ¿Se han fijado que ellos tomaron todos los baluartes y errores del anterior gobierno y los hicieron suyos con colores y música alegre?

Hagamos lo mismo, repitamos el ciclo del ‘89: entre TODOS los que quieran participar, desde las agrupaciones del Juntos Podemos hasta el PRI constryuamos un nuevo pacto electoral con base en las demandas de sus militantes. Olvidemos, por un rato, las diferencias y las peleas anteriores y unámonos por Chile. Porque la Coalición no lo hace bien y peor está el Presidente. Porque nos merecemos todos un mejor gobierno.

Pongámonos de acuerdo en metas comunes de corto plazo como:

  • Grupos de trabajo incluso a nivel de sectores de comunas en todos los temas, desde aborto hasta matrimonio igualitario, medioambiente, salud, educación y otros. Con nombres esperanzadores como "Futuro" o "Porvenir".
  • Votaciones y plebiscitos internos virtuales y presenciales para definir un único plan de gobierno, pero con compromisos firmados de cumplimiento en caso de elección.
  • Buscar un Parlamento para nuestra nueva coalición y definición en primarias abiertas al candidato o candidata que nos representará.
  • Un candidato por colectividad para definir al líder único en un debate televisado y PRIMARIAS NACIONALES.

Hagamos que la gente vuelva a hablar del tema y se apasione pensando en lo mejor para Chile. Aprovechemos que hay miles de personas que están descontentas: preguntémos qué quieren sin perder la humildad. Busquemos nuevos líderes de opinión que aporten con ideas frescas y aceptémoslas cuando sean necesarias. Imaginemos el país del 2030 o del 2050. En la gente están las respuestas y sólo en la gente se encuentra la verdad.

Sí, la Concertación ha muerto. Pero ha muerto para dar paso a un nuevo pacto que, con quienes perdure, con los partidos y personas que siga más allá del 2014, será el líder del mañana. Porque si seguimos esta línea estamos a las puertas del renacer de la alegría, del mañana, del futuro. Porque si nos empoderamos de la realidad y creamos propuestas para llegar a La Moneda de seguro si son fuertes nos haremos un espacio tan grande que llegaremos otra vez al poder.

Para que el 2014 lleguemos con frases como “Piensa positivo, piensa “.........” 2014” o “Unión por Chile: por el futuro, por el mañana, y por ti”.

07 agosto, 2011

Pedro Aguirre Cerda y la educación.


“Naturalmente, todo plan productor debe ir acompañado de una educación que sirva a hombres y mujeres en una preparación que infunda en todas las clases sociales un sentido de capacidad y de comprensión de que el país tiene fuerzas sobresalientes que bien conocidas y aprovechadas darán margen sobrado para una economía nacional sana, de beneficio para todas las clases”.

Pedro Aguirre cerda, uno de los presidentes más recordados de la historia de Chile (para muchos el mejor), “el Presidente de los pobres”, “don tinto”, el que para las navidades junto a su señora regalaba más de 200 mil juguetes en los campamentos, ha sido una de las personas que más se ha traído a colación producto de las demandas estudiantiles. Y al averiguar un poco más de su figura me he encontrado con un discurso que hace más de 70 años se planteaba en los salones del Congreso Nacional.

Porque Pedro Aguirre Cerda planteaba una visión educacional que no nos es ajena. Es menester en estos tiempos no sólo pensar en los fundamentos actuales que sustentan todo movimiento sino que también en las reclamaciones históricas de los grandes líderes que han luchado por un país más justo para todos sus hijos. En esta columna quisiera recordar a uno de los más grandes Presidentes de la República, quien llegó a La Moneda con la premisa de que “gobernar es educar”.

“Gobernar es educar”, y con este firme concepto aprovecharé todas las fuerzas de que el Estado pueda disponer para despertar el espíritu constructivo, de organización y perseverancia que tanto necesita la colectividad nacional, y rectificaré el abandono en que se ha desarrollado la educación pública (...) en una época en que el adulto interviene en sindicatos, asociaciones y otras múltiples actividades”.

Es el año 1938 y Pedro Aguirre Cerda gana con sólo 4000 votos de diferencia en una elección en la que participaron sólo 400 mil personas (de 600 mil inscritos). Se enfrentaba a Gustavo Ross Santa María, ministro de hacienda del segundo gobierno de Arturo Alessandri, realizador del “milagro chileno” (no confunda con el otro “milagro” de 1980, este es mucho más antiguo y en otras condiciones). Tras los hechos del edificio del Seguro Obrero, el General Ibáñez con sus sempiternas ganas de llegar al palacio de gobierno decidió apoyar la candidatura del Frente Popular.

Aguirre, abogado, parlamentario, ex ministro y pedagogo, había escrito dos libros disponibles en internet: “El problema agrario” (1929) y “El problema industrial” (1933). En ellos expuso parte del planteamiento que llegó al poder en 1938. Entre sus múltiples propuestas para mejorar el abandonado sistema de educación pública de ese entonces se encontraban medidas como:

· Reforma educacional que considerara la educación de adultos y las escuelas complementarias.

· Gratuidad de la educación hasta la universidad

· Gratuidad de la enseñanza en todos sus grados

· Educación primaria, secundaria y técnica como función del Estado o controlada por él, pues es éste, desde su lógica, el principal igualador a la hora del acceso a la educación.

· Creación de institutos y universidades del Trabajo, con el fin de incluir a las masas obreras al sistema educacional.

· Protección del Estado y de los municipios a escolares indigentes, satisfaciendo sus demandas en alimentación, vestuario, útiles escolares y atención sanitaria.

· La no persecución de los profesores por sus ideas políticas.

Pedro Aguirre Cerda era un profundo defensor del Estado Docente, como se ha podido apreciar. Para él es el Estado quien debe asegurar la igualdad en el acceso y la gratuidad de la enseñanza para poder incluir a todos en un país que pasaba por altos índices de analfabetismo y diversos problemas sociales. Para él ninguna lógica de desarrollo no puede ser entendida si parte de sus hijos no se puede educar.

Dejo esta columna que nos recuerda un importante trozo de historia nacional en tiempos en que se habla de uno de los movimientos sociales más potentes que se han visto. Quisiera finalizar con esta cita tomada de una página web, que aparece cuando uno busca su biografía.

"Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social es necesario que sea: gratuita, única, obligatoria y laica. Gratuita, a fin de que todos los niños puedan beneficiarse (...) sin otras restricciones que las que se deriven de su propia naturaleza; única, en el sentido de que todas las clases chilenas unifiquen su pensamiento y su acción dentro de las mismas aulas escolares; obligatoria, pues es deber del Estado dar a todos los miembros de la sociedad el mínimo de preparación requerido por la comunidad para la vida cívica y social; laica, con el fin de garantizar la libertad de conciencia y hacer que nada perturbe el espíritu del niño durante el periodo formativo".

Pedro Aguirre Cerda, 21 de mayo de 1939.

Dejo abierto el debate.

04 agosto, 2011

Las heroicas cacerolas del 4 de agosto.

Hace algunas horas he visto con horror y espanto cómo en Twitter se instalaba el hashtag #militaresalacalle, plasmándolo en la columna del mismo nombre, con múltiples visitas. Chile ha visto con horror cómo la policía de su país arresta por igual a ciudadanos de todos tipos, abuelos, hijos, estudiantes, vándalos; que daña con las bombas de más de cien mil pesos sin mirar a nadie; que el gobierno poco o nada ha hablado hoy quizás en un secreto comité de crisis ante el “jueves negro” de la política chilena.

Hoy, 4 de agosto, Chile entero se ha levantado por una sociedad más justa y mejor; por una educación más igualitaria para todos sus hijos, por los cambios que se requieren urgentemente. No lo dirige la Concertación, menos la Coalición por el Cambio, lo hace la ciudadanía en general. Hoy han salido a la calle las heroicas cacerolas del 4 de agosto que responden a los oídos sordos de un gobierno ineficiente, tal como lo demuestra la imágen (Foto: http://www.porquechilelate.cl/index.php/listas/103-diego-vrsalovic-huenumilla/262-las-heroicas-cacerolas-del-4-de-agosto- ).

Es histórico: el mundo entero una hoy la palabra cacerolazo y aproximadamente 4 de cada 6 personas no aprueba la gestión del Presidente. Frei durante la crisis asiática obtuvo sólo un punto más que Piñera, llevando varios años de gobierno. El Mandatario ha perdido apoyo y credibilidad, sus fortalezas de campaña, y no ha sabido llevar un conflicto que, al parecer, se les escapó de las manos.

Hago ecos de las palabras del Senador Francisco Chahuán. Éste señaló: “que nos dejemos de mirar todos el ombligo, que es imprescindible buscar una solución”. Es verdad, ya no podemos seguir esperando. Ya los estudiantes han planteado los problemas que los aquejan, las demandas y emplazamientos concretos al gobierno. Ya se han propuesto todas las medidas que, como sector, se requieren. Incluso más, mañana se presentará un documento completo de respuesta.

Lamentablemente, la respuesta sigue siendo insuficiente. El principal problema es que el nuevo documento entregado esta semana tiene una redacción que nada dice sobre las reales demandas. Ataca problemas complementarios y soluciones pequeñas pero no responde a las grandes necesidades. Un ejemplo de ello fue la rimbombante noticia de abrirse a la desmunicipalización. La letra chica: sólo en algunas municipalidades y bajo requisitos muy acotados. Siempre con lo mismo: un tremendo anuncio bajo consejo de alguna agencia publicitaria muy cara para ocultar los anexos que no se dicen.

Es por ello que no sólo los estudiantes, sino que la gente en general se terminó cansando de cómo funcionan las cosas. Estas protestas no sólo son la expresión de lo que es, sino que es el ambiente general de lo que vendrá. Las cacerolas volverán a salir a la calle cuando los ciudadanos se empoderen por sí mismos y reclamen a la autoridad que escogieron. Probablemente, después del sueldo mínimo, vendrá la lucha por la Constitución. En algunos años más serán, posiblemente, los recursos naturales y la nacionalización del agua en tiempos en que será escasa y más valiosa que el oro.

Los ciudadanos de Chile están usando el contrato social que siempre tuvieron en sus manos y lo están revisando punto por punto y analizando qué les gusta y qué no. Hoy podemos conocer lo que piensan todos por las redes sociales. Bueno sería que el gobierno monitoreara menos y tomara más en cuenta las frases que se lanzan. Chile y el mundo están cambiando. Necesitamos líderes que estén atentos a estas tendencias y las transformen en propuestas de solución. ¿Quién inventó que la demagogia es populismo, como signo de debilidad? ESCUCHAR A LA GENTE NO ES DEBILIDAD, ES CAPTAR UN CAPITAL VALIOSO DE ORIENTACIÓN PARA LOS GOBIERNOS. Si los saben escuchar otras serán las realidades.

Las heroicas cacerolas del 4 de agosto pasarán a la historia chilena como una fecha que saldrá en los futuros libros de historia como parte de este malestar general contra lo que no nos gusta. A los estudiantes de Chile no nos está gustando cómo funcionan las cosas en este país en el que nacimos.

Por eso se sale a protestar, no por perder clases o por irse a tomar a la plaza. Es un malestar que viene desde hace años y que, si no ha pasado, es porque no se ha dado respuestas definitivas a problemas de décadas. Y al que no le guste, no se preocupe: si el gobierno se sienta a conversar y soluciona estas demandas el país vuelve a la normalidad y puede seguir haciendo su vida de forma tranquila.

Sólo así las heroicas cacerolas del 4 de agosto volverán donde pertenecen, a la cocina. Actualmente son un medio para alcanzar el justo derecho a una educación pública, gratuita y de acceso universal, claro, con un filtro que no considere el dinero sino que nuestro mérito académico.

Sólo así, insisto, las heroicas cacerolas del 4 de agosto volverán a hacer ese puré o esa cazuela que tanto le gusta.

24 julio, 2011

¿Cómo impacta el neoliberalismo en nuestra salud mental?

Chile avanza a pasos agigantados hacia el desarrollo económico y al Ingreso Per Cápita de US$20.000. En este camino ha logrado importantes metas, como la disminución de la pobreza y la indigencia, la mejora de la infraestructura en la que se desenvuelve este progreso, y así miles de otras que por espacio no alcanzaría a nombrar. Sin embargo, la equidad en este país es uno de los problemas más grandes: mientras que unos ganan descomunales cifras al mes, con varios ceros en la cuenta corriente, otros ganan lo básico para poder subsistir. Este tema precisamente afecta de sobremanera en todos los temas del diario vivir pues muchas veces del dinero que ganemos dependen algunas acciones. Recalco, muchas veces, no por completo.

Otro de los grandes males de los países en vías de desarrollo es que se preocupan más de los avances en economía que en el bienestar de su gente. Y más en la gente que le va bien que en los más desposeídos. Más en cómo insertarlos mejor en la lógica del desarrollo neoliberal que en cómo ellos se sienten allí. Cabe recordar que uno de los nombres del neoliberalismo es el de Economía Social de Mercado. ¿Social? Sí, social. La idea es que todos alcancemos los frutos del progreso económico. Hasta ahí todo bien.

Pero, ¿Quién se preocupa de cómo lo pasamos las personas que nos encontramos en esta bicicleta de la cual no podemos bajar? El problema de este sistema (y de todos en general) es que cuando entras no puedes salir más. Te vuelves dependiente y necesitas tener tu propia platita. Necesitas ser el mejor en este mundo competitivo. Si no, no sirves. Todo ello redunda, en una parte, en un daño a la salud mental no sólo de los chilenos, sino de miles de personas en el mundo.

¿Han pensado alguna vez ¡por qué en el último tiempo se requieren mayores asesorías y trabajo sicológico en las empresas? ¿Por qué se invierte tanto en el área de recursos humanos?

He querido, en esta ocasión, analizar muy brevemente uno de los temas más relevantes en este mundo actual: el daño de la salud mental de muchas personas en la realidad de hoy. Como todo ser humano, necesitamos estar contentos no sólo con lo que hacemos, sino con nosotros mismos. Si bien problemas como la depresión y el stress tienen un componente genético en muchas personas también influye lo que pase fuera de la persona.

Y en eso hay tres características que he mencionado que importan a la hora del análisis: la competitividad, el trabajo y el dinero. Todo ello, para demostrar que urge revisar las políticas de salud mental en nuestro país.

Ser primero es ser el mejor, el que todo lo puede, el más capaz (o, como se dice por donde yo vivo, el más “choro”). Es el ícono (título que recibí de uno de mis jefes porque hacía más trabajo del que debía pero siempre callado, que es lo que se espera de un trabajador actual), el símbolo de la productividad en el mundo actual. El problema es cuando uno no es el primero ni el que recibe más por ello. Hay personas a las que se le presiona a competir y otras que se frustran con no tener ese puesto. En este punto comienza la frustración, la envidia, la necesidad por querer ser más y no poder. Todo ello redunda en una baja en el ánimo y en otros males como el no sentirse contento con lo que se realiza.

Ello no puede entenderse si no es en el marco del trabajo. Generalmente esta situación se da en lugares en los que se trabaja con muchas más personas y en empresas que dan la posibilidad de ascender en la jerarquía. Pasa que cuando se ve que uno como trabajador es capaz la carga laboral es aumentada (cuyo efecto principal es que uno llegue bien tarde a la casa); o pasa también que ante la necesidad de incorporar rápido al trabajador a la lógica de la empresa éste no funciona bien y se manda mil embarradas. Todo ello se traduce en lo mismo: baja en el ánimo y una fatiga feroz. Muchos tratan de aprender pero muchos otros no se sienten bien en la pega.

El tercer punto mencionado es el dinero. Y he aquí uno de los males de muchas familias chilenas de extracción media y baja. Muchas de las peleas son por plata, cuando no alcanza, cuando hay que pagar una cuenta, cuando se acerca la fecha de pago, cuando me aburro de hacer el pago mínimo, cuando los zapatos de la niña se rompieron, cuando hay que comprarle un material para mañana, cuando falta pan. Cuando se tiene, ningún problema, asunto arreglado.

Pero, ¿Qué pasa cuando tengo que decir, con el dolor de mi alma, no tengo? Problema familiar. No sólo impacta en la misma salud mental de la persona porque no puede hacer más (en muchas familias no queda de otra que recurrir al siempre salvador avance en efectivo o al préstamo de algún vecino o familiar); sino que también en la salud sexual del trabajador. Cuando no se puede arreglar el problema bajan las ganas. Y así nos vamos en una bicicleta que, si no se sabe solucionar, queda allí por mucho tiempo.

Por estas tres razones muy generales he querido ejemplificar que urge revisar las políticas de salud mental que tiene nuestro país. Siempre está el sicólogo de la posta, pero no muchos van a él. Si bien esta situaciones se dan en la vida laboral también se dan cuando se enfrenta una situación personal difícil, ante la pérdida de un ser querido, ante un conflicto interno, ante una separación. Y así miles de otros hechos en los que urge una ayuda externa.

No sería mala idea que el Estado, a través de los ministerios del Trabajo y (el futuro de) Desarrollo Social y Salud, trabajaran en alianza con las universidades para llegar a más lugares en nuestro país y revisar el estado de sus trabajadores en el tema mental. No sólo es necesario, es urgente, pues tanto nuestros trabajadores como jóvenes y mujeres lo necesitan. En esta alianza con estudiantes de sicología se puede llegar a las empresas, colegios, trabajos y otros.

Además, bueno sería que se iniciaran campañas informativas y de acercamiento a la comunidad. Aún está el prejuicio de que “cuando uno va al psicólogo es porque está loco”. Hay que erradicarlo de las mentes de muchas personas.

Por otro lado, en los colegios (tema al que me referiré en otra ocasión con más detalle) urge tener asesoría psicológica. Si vieran la cantidad de jóvenes que necesitan una ayuda profesional ante tantos problemas se espantarían. No sólo porque es una edad difícil en la que se “adolece”, sino porque muchos tienen historias detrás que afrontan solos.

En estas sencillas palabras he querido plasmar una realidad latente en nuestro Chile de la década del ’10: tenemos que preocuparnos de las políticas de salud mental. Porque si estamos contentos con nosotros mismos somos capaces de afrontarlo todo de buena manera y estar un poquito más felices y enamorados de la vida. No sólo es necesario, es urgente.

Dejo abierto el debate.

21 julio, 2011

Estudiantes, clases y movilizaciones: ¿Cómo se comportan nuestros profes?

Estamos en tiempos de constante cambio en el desarrollo político del país, ante una etapa única en el desarrollo de los movimientos sociales chilenos. Incluso, para Gabriel Salazar, premio nacional de historia, según sus declaraciones en un programa de televisión emitido recientemente, estos son los movimientos sociales más grandes que se han visto jamás.

Al Presidente de la República se le pueden “achacar” todos los males habidos y por haber; sin embargo tiene una capacidad mágica para jugar al ajedrez. Es en estos momentos en los que se denota su talento para manejar acciones: como los paquetes accionarios en la Bolsa de Valores mueve Ministros como quiere: la UDI necesita una carta presidencial y deja a Lavín en Mideplan, la derecha necesita un candidato fuerte y carismático contra Bachelet y mueve a Golborne a OO.PP., con alto grado de figuración pública; necesita ordenar la situación en colegios y universidades y deja Bulnes en Educación. Como en la Bolsa deja sus fichas más riesgosas en lugares seguros y blindados, mientras que elimina las que puede prescindir. Ena Von Baer pagó un precio que se veía venir porque las críticas ya eran muchas. Sin embargo, Felipe Kast, que estaba consiguiendo avances en su ministerio y acercamiento transversal para sus proyectos asumió el costo político injusto. Alguien tenía que salir damnificado y, para mal de su sector y de muchos, salió perdiendo.

Pero no es de ello de lo que quiero hablar en esta ocasión. Hoy quisiera referirme a un aspecto sobre el cual en un comentario en este blog me hicieron referencia y que quisiera tratar un poco más en extenso. Hay un actor en todo proceso de movilizaciones que se hace relevante no sólo en estos tiempos, sino que en el trascurso del año. Es por ello que la pregunta central de esta columna es: ¿Cómo actúan nuestros profesores hacia nosotros en el año en general y en tiempos de movilizaciones?

Vamos a ir desde lo más simple hasta lo más complejo de digerir. Existen profesores que se toman de muy buena manera estos temas. Dan su apoyo irrestricto a cualquier tipo de manifestación y hasta son capaces de flexibilizar toda fecha de evaluación recalendarizando todo sin mayor problema. Si bien hay que considerar que, como todo funcionario son trabajadores y compatibilizan la pedagogía con otras actividades, está en la actitud de cada persona la relación que tiene con sus estudiantes. Por ello siempre se destacan este tipo de profesores, pues los diálogos se dan de forma más expedita y el proceso es más rápido.

Ahora, es más ideal todavía el hecho de disponer de un buen horario o, si no se puede, estar dispuesto a conversar con el estudiante sobre diversos temas. Que grato es cuando ante una dificultad uno se puede acercar a conversar con su profe y plantearle una situación complicada y poder llegar a acuerdo entre las partes. O que, dentro de lo posible y sin pasarse de la raya, poder postergar alguna evaluación si se presentan dificultades. No se trata, por favor, de aprovecharse del recurso, pero sí de comprender si la situación lo amerita. Eso no quita que haya gente que lucra (ya que está tan de moda el concepto) con esta situación y se pasa a la flojera. Dejemos a esta gente fuera del análisis. Conocí dos casos, uno de un profesor que postergó su ramo un montón de veces pero que al final se las supo arreglar bastante bien , y otro que dejó libres de acción a sus estudiantes para asistir a asambleas, postergando evaluaciones para la vuelta de este “receso”. Vayan mis saludos y reconocimiento a ellos.

Tenemos un tipo “intermedio”, que en un año “normal” puede tener una actitud de respeto y de distancia hacia los estudiantes sin perder el vínculo, respetándose los espacios. En él encontramos mayores dificultades a la hora de tratar una situación particular o de hacer una negociación colectiva con respecto a una fecha. En tiempos de movilizaciones podemos encontrarlos un poco recelosos, pero al final siempre se llega a un acuerdo. Personalmente conocí un caso de un profesor que en otros tiempos no fue muy llano al diálogo, pero que al año siguiente moderó su actitud y hoy mantiene una excelente relación con sus estudiantes. Vayan mis saludos para él.

Y aquí viene la parte más terrible (donde algunos ya se están imaginando los rayos y truenos con un fondo oscuro y música malévola), esa en la que nos acordamos de nuestros profesores que siempre andan desaparecidos y que a veces pecan de arrogantes. Me van a perdonar el siguiente análisis, pero no puedo guardarme este trocito de sinceridad y rabia que tengo acumulada desde hace un tiempo.

Hay docentes que se la pasan desaparecidos y dejan tiempo para la pedagogía como si fuera un trámite más o lo que se les olvidaba por hacer, preparando material sobre la marcha y subiendo documentos y lecturas por vía electrónica o enviándolas a los estudiantes antes de que ellos durmieran. Cuando se les busca nunca están porque tienen mil reuniones y nada de tiempo para a la atención de estudiantes.

Es más, algunos pecan de aprovecharse de sus ayudantes para que ejerzan el oficio por ellos. Puede que sean excelentes en su área y que hayan hecho mil estudios y perfeccionamientos fuera del país: el problema es que vuelven arrogantes con complejo de superioridad. Alguien muy cercano a mí pagó esas consecuencias. Incluso, recibió un trato muy mal de esta persona con una frase que, si se detienen un par de segundos a leerla con cuidado (piénsenla bien), puede marcar la vida de un ser humano. Profesor pregunta, estudiante responde muy atemorizado por la inseguridad y temor ante profesor que mira con duda. Estudiante, muy tímido, se olvida de esa parte de la materia, a lo que profesor le dice “Disculpe, ¿Y usted, qué cree que está haciendo aquí si no se sabe la materia? ¿Cómo va a llegar al examen global si está exponiéndome así? Váyase a estudiar y déjeme que estoy perdiendo tiempo” (algo así fueron los diálogos, con frases muy similares que resumo). Buen profesor pero con muy mal tino.

No quiero juzgar pero sí son opiniones parecidas las que rondan siempre detrás de nuestros profesores. A veces uno, como estudiante, le gustaría reconocer o criticar constructivamente a quienes nos forman para que existan mejores relaciones. Como estudiante uno no pide ser amigo de ellos ni mucho menos que nos posterguen evaluaciones eternamente. Simplemente pedimos que la pedagogía y el tino en el trato al estudiantado sea más frecuente y no lo último por hacer, que haya mayor preocupación en esta relación. No pedimos que cambie, quizás, el carácter completamente, pero sí que se haga una revisión de cómo actúan en el día. Pedimos que, ante situaciones difíciles que escapen a lo académico o ante una movilización, entendimiento sin arrogancia para poder recalendarizar y cumplir “en horario diferido” y siempre que todos puedan lo que corresponde. Nadie pide no hacer nada, sino que un poco más de voluntad para conversar sin que ninguno de los actores se “pase de la raya”.

No pretendo tampoco establecer una ley sobre cómo se comportan nuestros profesores sino que establecer algunas características comunes tomando en cuenta la disponibilidad de tiempo, que siempre es poca y se entiende, la actitud que se toma frente a un año “normal” respetando los tiempos que uno tiene para estudiar y prepararse ante una evaluación, y la actitud misma que se tiene frente al estudiantado. Si se logra conciliar la pedagogía con el buen trato y la voluntad podemos llegar a grandes cosas y navegar todos juntos. Espero se haya entendido la idea.

De paso, un saludo a todos aquellos profesores o estudiantes de pedagogía que lean esta columna, para que ninguno repita estas malas prácticas que hacen daño a la buena convivencia en la sala de clases.

Le dejo sí una pregunta para la reflexión, ¿Qué nota le pondría a su profe en tiempos de evaluación? Piénsela. Ahora sí, dejo abierto el debate.

16 julio, 2011

Jóvenes y política: ¿Matrimonio o Divorcio?

La frase más común de los ’90 fue “no estoy ni ahí”, acuñada por un connotado deportista nacional. Representaba el sentir de cientos de jóvenes a los que el retorno a la democracia no les trajo mayores beneficios ni espacios de participación que los hicieran sentirse parte del proceso. En aquella época se gestó, según quiero plantear aquí, el germen de uno de nuestros grandes males nacionales: la compleja relación entre jóvenes y política. Es por ello que quiero partir planteando, en una suerte de analogía representativa: ¿Se acerca más a un matrimonio o a un divorcio?

Hay que partir distinguiendo la diferencia entre la política como un arte, es decir, la que usted hace al conversar de temas de país o referentes a esta área con amigos y compañeros, la que realiza al leer un periódico y admirarse o rechazar con encono sobre la situación nacional, o la que en este momento hago elaborando este texto; todo ello de la variante institucional, la que se canaliza a través de las organizaciones sociales, de las Organizaciones No Gubernamentales, de los partidos políticos. Precisamente ésta es la que se encuentra en una crisis muy parecida a la de la época parlamentaria, por allá por las primeras décadas del siglo pasado. Más adelante haré una breve referencia.

Las dos primeras formas de organización, que actúan generalmente a través de la acción directa en temas específicos, se preocupan de los temas de base que afectan a los ciudadanos. Llama la atención que en grupos ambientalistas, animalistas y de Scouts, por ejemplo, exista una gran cantidad de jóvenes dispuestos a participar con entrega y ahínco por los ideales que se defienden.

Otras, como las juntas de vecinos, creadas bajo la administración de Eduardo Frei Montalva, tuvieron y tienen un rol importante en muchas poblaciones, pero han visto limitada su reproducción ante las nuevas formas de asentamiento inmobiliario existentes en la actualidad (nótese cómo se organiza la gente en los condominios por edificio y no por conjunto de torres de departamentos, en general; o en villas entregadas por constructoras privadas que no poseen estas entidades). Todo ello no sólo afecta en cuanto a la gobernabilidad y poder de decisión que tengan los habitantes de su propio territorio, sino que también con respecto a la unión de las personas que allí viven. La sensación de encierro es cada vez más patente. Aquí la juventud se siente menos identificada todavía: llega a la casa a dormir. No hay para qué preocuparse de estos temas si ya pagué los gastos comunes.

Los partidos políticos cumplieron un rol muy importante en la política nacional y mundial porque en su época efectivamente aunaban intereses comunes de personas que querían luchar por sus derechos y ver en ellos intermediarios ante las esferas de poder. Destacan especialmente el Partido Radical, la facción más radical del Partido Liberal, por allá por el siglo XIX; y los partidos Socialista y Comunista, que lucharon por los derechos de los trabajadores en tiempos peores que éstos (pero muy similares en otros aspectos): en una época en que el obrero salitrero debía, con el trabajo de sus manos, extraer el mineral en condiciones paupérrimas era pagado con fichas canjeables en la pulpería. A veces incluso se le estafaba vilmente con fichas de cartón y madera. De ser así perdía todo derecho. ¿Reclamar por lo que es justo? ¿Derechos laborales? Ni lo piense.

En otras épocas fueron elementos de cohesión política ante las tempestades de los distintos regímenes imperantes. Ya sea en el caso del Frente Popular, una de las coaliciones más importantes del siglo anterior, que aunó los esfuerzos desde la izquierda hasta el radicalismo; o cuando llegó al poder la Unidad Popular (y posteriormente el “Partido” de la Unidad Popular; en contraposición al “Partido” de la Confederación Democrática) en oposición a las facciones que luchaban contra el poder de la izquierda imperante; y, en el caso más reciente, la Concertación de Partidos por la Democracia, una de las mejores oportunidades políticas en su origen, que partió con muy buenos bríos, uniendo desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana, con un especial énfasis en las figuras jóvenes, de la renovación, del cambio. Mención aparte que repite este patrón, pero en la vereda contraria, es la Coalición por el Cambio: Renovación Nacional llevó el mayor número de jóvenes como candidatos en las elecciones de 2009.

En teoría está sonando muy bien, pero aquí salta una pregunta: ¿Son realmente representativas de todos? Acotando estas realidades en el período de la transición y la (por mí denominada) “post-transición” nos encontramos con que, en un principio, una gran cantidad de jóvenes se inscribió en los registros electorales amparados en la “alegría” que venía. Era una gran oportunidad de cambio en la cual Chile era dueño de su destino en libertad. La decepción vino prontamente: el proyecto comenzó a girar hacia la Economía Social de Mercado y ciertas políticas no gustaron a algunos sectores. Las juventudes de los partidos políticos quedaron como cuadros de segunda clase, en las cuales la figuración pública comenzó a hacerse menos frecuente ante la opinión pública.

Si a esto le sumamos que de a poco los espacios públicos, como las plazas, se han convertido en focos de inseguridad, siendo cambiados por centros cerrados de comercio y reunión; la falta de capacitación y de oportunidades de trabajo (esta situación comenzó a mejorar recién en las dos últimas administraciones), una situación educacional pública que iba de mal en peor; y, en el lado político, la separación de las juventudes de las cúpulas (que tienen el mal del profesor que lleva muchos años haciendo su pega y cree que todo lo hace bien; perdóneme el gremio pero conozco muchos casos de esos), redunda en una desmotivación general de todo el sistema.

La política se convirtió, entonces, en un círculo cerrado de personas que se pelean por todo, que no son capaces de llegar a ningún acuerdo, que no abre los espacios a la participación y que no crea oportunidades en todos los aspectos imaginables. Es decir, cada día peor.

Aquel matrimonio que pudo haberse convertido en una hermosa unión para la eternidad, de la que se pudo haber aprovechado mucho, quedó obsoleto y sumido en la lejanía y la reticencia a aceptar la crítica. Terminó convirtiéndose en un descrédito general que derivó en un divorcio cruel.

Es por ello que, si a ello le adicionamos el que los medios de comunicación oficiales rinden pleitesía a quien manda en el poder central y que con las redes sociales podemos ponernos de igual a igual con quienes gobiernan tenemos como resultado que los movimientos de masas ya no necesiten de un conductor como un partido político. El gran problema es que, como es muy específico, aunque sea parte de una situación mayor nacional y mundial, se deshacen con facilidad. Aunque a muchos no les guste los partidos políticos son entidades estables que, si se le hacen las correcciones correctas pueden mejorar. La política y los partidos pueden estar muy mal ahora en cuanto a aprobación, pero sí siguen siendo alternativas válidas de asociación. La gente se queja de savia nueva que aporte a la política. Lamentablemente si no existen los espacios y no está la voluntad de ceder no llegaremos a nada. Si no fuera por las grandes marchas de 2006 y 2011, lamentablemente, no habría muchas más caras nuevas.

DEJAR QUE ENTRE GENTE JOVEN A LAS DICUSIONES NO SIGNIFICA QUE VAYAN A TIRAR MALAS IDEAS O A DESTRUIR LAS COLECTIVIDADES. Significa más que eso, es una apertura a la renovación y a la adaptación a los tiempos. Como las empresas: si no se actualizan se mueren. Por ello hay que apostar a la creación de los partidos políticos como marcas para ser más atractivos, creando un prestigio en base a la discusión compartida por quien quiera participar, incluyendo a los usuarios de redes sociales en Chile y fuera del mismo. Con ello, generar un proyecto común para presentarlo a la comunidad y así poder llegar no sólo a estos sectores esquivos, sino que a la sociedad en general. UNA MARCA QUE SE ABRE A LA GENTE ES UNA MARCA EXITOSA, PORQUE LA GENTE QUE LAS SIGUE CREE EN ELLA Y SE SIENTE CON EL DERECHO A HACER PROPUESTAS PARA QUE MEJORE. A ello tienen que llegar los partidos políticos.

Pero: SIN APERTURA, EL VACÍO.

No va a faltar el más pragmático que lo verá en términos de votos. Yo apuesto por las personas que se encuentran detrás de estos votos y lo que les gustaría. Si abren las puertas de sus colectividades generarán confianza; con confianza llega la gente. Desperdiciar uno de los baluartes de Chile, uno de los sectores que más ideas puede aportar al desarrollo del país generando un buen proyecto de futuro es desperdiciar el futuro. Pero hay que hacerlo ahora, antes que sea tarde. No diga que nadie se lo advirtió.

Dejo abierto el debate.