Tweet Segui @dini912030 Maleta de Opiniones

20 enero, 2012

El llanto y la flor.

Estaba enfermo de amor por ella y los recuerdos lo invadían sin sentido alguno. La muerte del alma que más amaba lo había dejado trastornado hasta querer viajar a la nada, a la muerte a veces. Ella llegaba de repente como queriéndolo buscar, contarle un secreto e irse. Otras, quería venir a verlo para amanecer como antes en sus brazos y soñar con que él era marinero y la dejaba subirse al barco. Viajaban por los siete mares amándose como dos locos sin futuro, sin presente y sin ayer. Los brazos se pegaban a su cuerpo, el corazón le latía rápido, cuando la tenía al lado no sabía qué hacer.

Era tan feliz que ansiaba volver a verla junto a él en su dormitorio. Ansiaba volver a tenerla entre sus brazos sintiendo el calor de su pecho abrazador, conectando hasta la fibra más sensible de su carne con ese amor que los llevaba al Azul. Era su brazo acariciando su cabeza soñadora lo que lo despojaba de su existencia y lo desdoblaba recorriendo bosques, campos y praderas de su mano.

Dicen que ella era tan poderosa que cuando se quedaban dormidos se juntaban en los sueños y, de la mano, volaban al infinito. Olía a flores y a amor. Todo era perfecto. No importaba que a veces no tuviera para regalarle un chocolatito ni que al trabajo se fuera caminando, a pesar de que la subida fuera peligrosa. No le importaba pensar que podía llevar al futuro en el vientre. Si era con ella, la vida era perfecta.

Por eso, no supo cómo se la encontró caminando, solo, por el bosque de lejos de la ciudad.

Escuchó a lo lejos su voz que lo llamaba a caminar. Que no escuchara si le dijeran que se quedara. Él debía irse donde ella dijera. Se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban y, con cuarenta grados de fiebre, caminó entre piedras y matorrales. De pronto, se la encontró caminando de la mano y yendo, como en los tiempos de antes, a soñar. Lo sentó en una roca y le habló de que ella estaba bien, de que no llorara más su partida y de que se merecía volver a vivir. Que el tiempo de sufrir por lo que pasó había pasado y que la vida era un hermoso paso por el que había que transitar para llegar al reencuentro.

Pero, que en ese instante, debía dejar de llorar. Ambos habían pasado tantas cosas juntos que sería la imborrable existencia constituyente de su ser. Que nadie le quitaría su rostro cálido al amanecer ni el aroma de su cabello al despertar la mañana, cuando se ponía su polera y le preparaba un café. No, esos recuerdos nadie se los quitaría.

Volvió después de muchas horas con una flor en la mano. Esa flor era la más densa y dulce que recibiría: era la última lágrima que derramaba sobre la tierra por su recuerdo.

Tenía permiso para volver a soñar y volver a vivir. Cuando despertó, la fiebre había pasado y su alma estaba un poquito menos herida de cómo había despertado.

Isla Riesco: cementerio de carbón.

A Ana Stipicic y quienes la acompañan en la defensa de la tierra que los ha visto crecer, y a todos los que, de alguna manera, comparten el mismo sueño.

Hagamos el siguiente ejercicio. Ubique, en un mapa, Isla Riesco. Ahora, aleje el mapa y ponga la vista en la Región de Magallanes. Finalmente, mire a Chile completo, no perdiendo de vista la distancia entre Huasco, Santiago y el territorio mencionado. ¿Qué significa, entonces, este lugar en el concierto nacional? Para el que no vive allí, un pedacito de la nada.

La vía chilena al desarrollo se ve desde la perspectiva nacional, dejando de lado la preocupación por la diversidad de territorios y los problemas que acarrea este camino. En palabras simples, es mejor sacrificar un trocito de tierra que el progreso del país. Hay que pensar en grande y, por ello, hay que hacer un esfuerzo en pos de todo el beneficio futuro. Ese es el discurso oficial.

Así piensa la Minera Invierno, quien pondrá una piedra más en los errores de nuestra senda hacia la luz mundial.

¿Conexiones entre Copec y el grupo Angellini, dueño de una parte del país, e Isla Riesco? Mas de las que cree, incluso a nivel de Gobierno. Precisamente será una de las divisiones de este gran conglomerado la que extraerá el carbón que Chile necesita para su futuro económico, quien posee uno de los complejos de explotación carbonífera más grandes del país.

¿Y será buen carbón siquiera? Nada más lejos de la realidad. Le cuento como es el proceso. En esta isla, que es una reserva de vida con especies de flora y fauna únicas en su especie (como el Martín pescador), se explotaran cinco grandes yacimientos de carbón que se chancarán en un puerto construido especialmente para estos fines. Los camiones que transportarán el carbón no llevan techo: con los vientos de Magallanes el polvillo volara muy lejos, contaminando, a corto y mediano plazo, todo el lugar. ¿Y a donde va a parar el carbón extraído?

¿Y durará mucho tiempo? 15 años a lo sumo. La empresa se compromete a cubrir los yacimientos una vez explotados faltando poco para poner la vida en garantía. Pero, seamos claros, sinceros y directos: ¿Cuántas empresas cumplen con los compromisos adquiridos más allá de lo que le exige la ley en los plazos estipulados? Un grupo muy reducido que es excepción a la regla.

Dos casos podrán ilustrar el futuro de Isla Riesco.

Tómese cinco minutos para dejar Facebook de lado y busque en Google “Huasco termoeléctrica”. Lea las notas que salen, las fotografías que nos muestran vagones llenos de desechos expuestos que la gente se ve obligada a respirar, los olivos muertos en la lucha por respirar debido al efecto de aquel humo que con ese traidor blanco salido de las calderas mata de a poco a un pueblo hundido sin tener escapatoria más que convivir con él.

Luego, busque “Ralco”, la clave para entender la grave contradicción de nuestra vía al desarrollo: el de correr a la gente a cualquier precio con el fin de instalar el proyecto en beneficio de la masa con un progreso nacional mal entendido.

Este ejemplo podrá ilustrar el caso de Isla Riesco: un proyecto que promete la copia feliz del Edén pero que, con el tiempo, dará paso a promesas incumplidas y disculpas por el daño cuando la isla ya está destruida irremediablemente.

Se puede hacer algo. Tenemos los medios, la información disponible, el legado de la historia, la voluntad de personas comprometidas con una justa petición a la autoridad. Esta experiencia debe servirnos para comprender que hay alternativas para nuestro desarrollo energético, por ejemplo, apostando a la especialización energética regional y a la búsqueda de nuevos motores de energía aprovechando las ventajas del territorio. Tenemos las herramientas, más de algo podemos hacer.

Es preciso mover las voluntades antes de presenciar la inauguración del cementerio más grande de la Región de Magallanes. Aun es tiempo.

Esta columna contiene algunos aspectos generales del proyecto que pueden servir para comprender mejor sobre lo que tanto se habla. Si quiere averiguar más información, en http://www.alertaislariesco.cl/

Desarrollo con rostro humano.

Y vamos camino a la década del 20 y seguimos en la misma condición en la que la Dictadura militar entrego el país al gobierno democrático: en el eterno paso previo al desarrollo. Esta ha sido una de las grandes obsesiones de los distintos gobiernos (especialmente de los sectores de centro-derecha), sin importar a que costo se realice. Mientras que los números den como resultado más de veinte mil dólares per cápita estaremos siempre bien.

Hay que tener mucho cuidado cuando hablamos de desarrollo, porque la economía siempre debe tener rostro humano y no una hoja de Excel que nos muestre resultados. Tanto la Concertación (en su programa de 1989 y en los sucesivos mensajes presidenciales) como la Alianza (a través del eventual programa de gobierno con base histórica del Presidente Allamand, en El desalojo) nos han dicho que hay que alcanzar a toda costa ese desarrollo como en una fijación obsesa. La única diferencia es que un lado ha hecho más énfasis en que hay que preocuparse de los más desvalidos, aunque a la larga siguen siendo lo mismo.

Es verdad, la pobreza extrema y la indigencia se han reducido sustantivamente, los salarios reales han aumentado considerablemente, ser pobre hoy no es lo mismo que hace veintidós años. Hoy podemos acceder a la educación superior con mucha más facilidad que antes y, desde allí, a oportunidades de mejorar nuestro nivel de vida. El acceso al crédito (en cómodas cuotas), nos ha permitido poseer productos y servicios que jamás nos hubiésemos imaginado a principios de los ’90. Y así podemos mencionar los avances en empleo, en salud, en infraestructura para el desarrollo; o hablar de la inserción de Chile en los grandes mercados mundiales.

Incluso, ya no nos comparamos con economías pequeñas, lo hacemos con los gigantes. Hay que dar las gracias por estar en la OCDE porque nos permitió abrir los ojos y darnos cuenta que estábamos mal y que, si queríamos ser un país desarrollado de verdad teníamos que mejorar muchas cosas. Los países ejemplo que integran la cima del club no son tan aberrantemente desiguales ni tienen tantos problemas en el acceso a los servicios básicos, no desmantelan el Estado a los niveles que se hizo en el experimento neoliberal de los ’80 ni tienen las discusiones actuales en educación. Si, estábamos mal, y harto mal.

Hay que recordar siempre que el desarrollo debe tener por delante el rostro de los más pobres y de la clase media que trabaja de sol a sol para poder brindar un colchón a su familia que le permita no andar pensando cómo pararemos la olla mañana. El desarrollo debe tener el rostro del colectivero y del chofer de micro, del obrero de la construcción, del paramédico, del profesor, del gasfíter, del pequeño empresario, de la peluquera, del peoneta.

El desarrollo no se hace desde arriba imponiendo los criterios para que todos alcancemos los niveles óptimos. Se hace entregando herramientas a la gente para que se sienta segura en este mundo moderno, haciéndola gobernante de su vida y líder en su grupo. Se hace entregándole las oportunidades para que su empresa crezca al nivel de los grandes y así brinde a su familia el futuro y el presente que necesitan. Se hace preguntando a todos como harían para salir de la situación en la que se encuentran.

La suma de todos esos esfuerzos dará como resultado el desarrollo definitivo con equidad, no el apuro por ganarle la carrera al resto de los hermanos. Nunca seremos absolutamente iguales, pero más de algo se puede hacer para reducir la brecha.

Se hace confiando en que las regiones pueden mas desde la autosuficiencia y la diversidad económico-productiva, se hace desconcentrando el desarrollo y otorgando un incentivo a los profesionales para que vuelvan a su tierra. Se hace confiando en que el Estado será el garante del libre juego económico otorgando una base igual para todos en salud, educación y vivienda, defendiendo a los consumidores de los abusos de la empresa (y no solo acudiendo a él cuando nos conviene). Se hace comprendiendo a ese Estado como el que pondrá las reglas del juego y ayudará a quienes empiezan a alcanzar los niveles óptimos y dejarlo después volar.

El desarrollo se consigue sin abusar del subsidio a la empresa privada (porque es verdad, el Estado no puede cubrirlo todo), pero confiando en que algunas actividades complementarias podrá hacerlas bien. Se alcanza confiando en la innovación y la capacidad individual para emprender, regulando los monopolios que impiden que la gran masa mejore sus posibilidades de vida, haciendo todos los esfuerzos por reducir la concentración económica y otorgar diversidad y apostando por la industria propia incentivando a los empresarios a que ahorren e inviertan en la empresa propia para llegar, un día no muy lejano, a ser autosuficientes y no mandar el cobre en bruto y que vuelvan los cables elaborados desde el otro lado del mundo.

No podemos seguir mintiéndonos pensando que el desarrollo es el promedio del que más gana con el que menos tiene. Para dejar de ser hipócritas primero resolvamos las desigualdades y otorguemos la base mínima para que todos alcancemos esa palabra. De otro modo, estaremos a la vanguardia en mentir económicamente.

O si no ese día pregúntese: ¿Tiene veinte mil dólares en el bolsillo? Si los trae es que alcanzó el desarrollo.

16 enero, 2012

Manifiesto por la Pedagogía Libertadora.

Es enero de 2012, producto de las movilizaciones estudiantiles del año recién pasado el cierre del semestre, para muchos, se ha postergado irremediablemente. Las vacaciones han quedado en el olvido y la carga académica, en cierto modo, nos consume. Sabemos que nuestros profesores no se han puesto de acuerdo para hacernos el semestre pesado, sin embargo, las condiciones en las que actualmente nos movemos son difíciles. Leemos en la mitad del tiempo libros enteros, resumimos siglos en un cuaderno, planificamos cuando dormiremos bien y recuperaremos el sueño. Las ventas de bebidas energéticas se han disparado y descansar es un bien tremendamente escaso.

A veces, presentimos, que nuestra alma está en sombras. Vemos el futuro y encontramos luz.

Para la universidad pública son tiempos difíciles: las matrículas bajan, las finanzas tambalean en las Casas de Estudio regionales, las alarmas se encienden. Parece la entrada a una era apocalíptica sin precedentes, en donde el desmantelamiento del Estado y el excesivo liberalismo económico nos llevan, sin retorno, a nuevas realidades.

Las cifras nos demuestran que lo privado parece ser el futuro y quienes detentan el poder no pretenden hacer mucho para contrarrestarlo.

En medio de esta realidad nos encontramos nosotros, quienes aspiramos a ser profesores, intentando condensar nuestros tiempos teniendo muy presente el objetivo: el futuro, cambiar realidades, transformar el pensamiento y convertir la fuerza de las piedras en energía re-modeladora de las realidades locales y nacionales. La pedagogía se vuelve, entonces, uno de los espacios de resistencia más dulces que pueden existir en la tierra.

En mitad de un tiempo de crisis debemos aspirar a ser luz y semilla que germine en el territorio adverso y, a veces, complejo de entender. Porque el estudiante no es un recipiente vacío esperando ser alimentado por el castigo-refuerzo: es un ser humano que, sin conceptualizar, vivencia la humanidad del ser: es una persona con experiencias y aptitudes que pueden ser utilizadas en función de mejorar sus condiciones de vida. Porque nuestros estudiantes serán los hijos prestados que devolveremos un poco más aptos a la tierra cuando salgan del aula.

Por ello, la pedagogía debe limpiarse la modorra de querer formar a un pequeño ciudadano-consumidor que rinda tributo a la democracia y al sistema económico como lo conocemos, y a un amante ciego de la identidad nacional. Debe quitarse las capas de barro que permiten que los estudiantes miren a la misma ventana de siempre: al centralismo, a Europa, a la desesperanza en un mundo cada vez más competitivo.

Si pasamos por esta carrera es para crear un ser humano que valore su esencia y la vida en comunidad. Sin los otros, será una masa sin pensamiento regenerador.

Por ello, la pedagogía debe tener vocación libertadora. Debe entregar todas las herramientas de pensamiento que permitan al estudiante romper las cadenas que lo atan a un ciclo perverso que lo escolariza en función de integrarlo al sistema económico y a elecciones donde los rostros no se renuevan. Hace que ame su identidad desde las victorias del Ejército libertador de los estigmas barbáricos y desde los fundamentos de una sociedad competitiva que busca números, no personas formadas integralmente.

La pedagogía debe tener vocación territorial, no para que el estudiante tome el bus aburriéndose con un paisaje monótono, sino para que la conceptualice, la saboree y la disfrute desde el goce mismo del alma, transformando sus vivencias en soluciones.

La pedagogía debe tener un currículum lo suficientemente adaptable como para permitir su adecuación a tantos contextos como niños en el mundo existentes. Porque no es un libro sagrado ni un altar inamovible, puede ser remodelado observando atentamente las condiciones de los cursos a nuestro cargo. El fusil que lo acribilló fue la Evaluación Docente, quien la sacralizó. El parche con que hemos de asistirlo será nuestra capacidad de adaptación.

Esa es una pedagogía con vocación y la verdadera vocación de profesor. A través de la pedagogía, el maestro tiene la llave con la que abrirá las puertas de la luz y liberará de sus cadenas a miles de estudiantes que hoy son preparados para amar a Chile tal cual está. Eso no puede ser. A Chile se le ama conociendo lo bueno y lo malo, transformando la energía negativa en propuestas de solución, criticándolo con fundamentos y proponiendo siempre el camino el futuro, con respeto irrestricto al otro.

Es deber nuestro convocar a una nueva corriente de reflexión y crítica pedagógica que una las voluntades desde Arica a Magallanes para que formemos la gran llave que abra las puertas de ese tremendo futuro.

Y es deber de todos quienes aspiramos a ser profesores que formemos un gran movimiento pedagógico que contribuya a esa tarea.

15 enero, 2012

El horror de Inés.

Y llegará el día en que Inés Pérez no se espante. Porque en la República de Chicureo ya no habrá más nanas ni obreros que dateen a los delincuentes de los barrios más pobres y desparecerán todos nuestros miedos. Llegará el día en que en Chile se extingan los pobres, esa raza que lo único que hace es quejarse, identificarse con la hoz y el martillo y no bañarse porque son unos mugrientos de mierda.

Llegará ese día, sí, ese cercano día en que ya no hayan mas marchas y se conformen con la situación de un país que tiene espectaculares cifras de crecimiento y que nos muestra, con poderosos hechos concretos, no la copia, el Edén mismo. Esos rotos ya no pedirán educación gratuita ni una atención en salud como la gente. Nos atenderemos en clínicas para que nos reciba una recepcionista con cara de haberse inyectado botox todo el mes preguntándonos cuantos días nos quedaremos hospitalizados.

Si, no se impaciente, llegará ese día en que La Araucanía quedara en paz porque reviviremos al Coronel Saavedra para que los termine de exterminar de una vez por todas. ¿Pero no los habían derrotado hace como ciento treinta años? ¿Cómo es posible que el gobierno no ponga mano dura con estos indios que lo único que hacen es romper con la paz que brinda Chile a sus inversiones? Claro, después se quejan que la zona tiene inversión cero desde hace años.

Ya, no se angustie, si no todo es tan malo. Cuando tenga un hijo le voy a poner Augusto. ¡Pero qué nombre más hermoso! Si nos recuerda al hombre que libero a nuestro país de esos vendepatria que querían instalar un satélite de la Unión Soviética. ¿Dictadura? ¡No me vengan a hablar de dictadura a mí: Régimen Militar, señores! ¡Eso fue! Total, ¿Qué importan tres mil muertos si el país crece y crece como la espuma de la cerveza?

(Es que esos son los que dicen “la historia es nuestra”. Qué bueno que el canal nacional les paso su documentalucho para que se queden callados y no aleguen por lo grande de este país).

Bueno, ya, llegará ese día en que no necesitemos nanas y las reemplacemos por robots que nos hagan el aseo. Y véanles la conveniencia: son rápidas, eficientes, trabajadoras, no se quejan, no piden aumento de sueldo, no piden previsión, no se enferman... ¿Qué más se podría pedir a la vida?

¡Pero no corra, si todavía no llega ese día! ¿Y qué se habrá creído ese roto hijo de nana que se pone a escribir a la directiva del club de golf? ¿Qué acaso el no tiene religión que insulta así a la Virgen María? ¿Qué acaso no piensa que así están las cosas en todo el mundo y tiene que aceptarlas? ¿No será mejor que lo manden a callar y le quiten el computador y el internet que lo usa para hablar imbecilidades? ¡Resentido, eso es lo que es!

Llegará el día en que Inés Pérez ya no se espante mas y nosotros, los mugrientos, los rotos, estemos todos muertos. Y así Chicureo vivirá una existencia plena y feliz y nadie alegara más.

Y Dios dirá: “que las veredas queden libres para el camino sin rotos”.

10 enero, 2012

La gran reunión de las izquierdas.

El sistema político nacional ha dejado nuevamente en evidencia su constitución en tres tercios (Alianza, Concertación-Juntos Podemos y ciudadanía que no adhiere a estas colectividades) que no se han movido en dos décadas de sus puestos debido a la base que les otorga el sistema binominal. Todo en pos de la estabilidad democrática y la “razón de Estado”.

Sin querer, el modelo se reproduce en distintas áreas de la vida nacional, especialmente en la universitaria. Cuando son casas de estudio con una pluralidad de carreras amplia no hay problema: todas las tendencias están representadas. Pero, ¿Qué pasa cuando las distintas facciones de un mismo sector se disputan el poder con el fin de “crear conciencia” sin obtener sendas mayorías?

Algo no calza en los porcentajes.

Los niveles de participación son bajos, muchas veces con los quórum al límite y, a pesar de los esfuerzos que han hecho todos los que han manejado poder, no hay resultados. Las cosas siguen igual y, al parecer, la tendencia se consolida. Existe una tremenda distancia entre dirigentes y una amplia masa de dirigidos. Nada parece revertir la tendencia.

Posibles causas: la intransigencia, la falta de dialogo (que al final es un monologo eterno manejado deliberadamente para, en un minuto, aburrir a la audiencia y permitir las mayorías necesarias), la presión para conseguir ciertos fines, la exclusión indirecta por medio de la sanción social. Y así, decenas de razones que se pueden nombrar y que redundan en que la gente se aburra y se vaya a almorzar evitándose otro dolor de cabeza.

Si se quiere mantener la unión hay que tener una mínima tolerancia al disenso y al debate con argumentos sólidos (y no repetir los mismos de siempre que al final recaen en una triste pobreza argumental), a dar cabida a las distintas voces que piden diálogo y acuerdos mínimos en circunstancias estratégicas.

Y no solo eso: a una alternativa que amplíe la mirada y convoque a la gran reunión de las izquierdas. Seamos claros: nos encontramos en una Universidad que prefiere esta tendencia y que debería estar a la vanguardia con una base efectiva que contemple el contacto fluido con todos los estudiantes de todas las tendencias y no solo con una minoría que cree eternamente que todo lo hace bien.

Nuestra Universidad debería dar el ejemplo en cuanto a inclusión y amplitud en la discusión de los grandes temas estudiantiles, locales, regionales y nacionales, convirtiéndose en el articulador del futuro. Hay que convocar a todos a aportar con un rayo mas para prender el sol del mañana y alzar la gran voz que modele el futuro, el camino a las utopías desde la mejora de las realidades concretas.

La única solución posible es convocar a la gran reunión amplia de las izquierdas. El último plebiscito nos invitó a todos a repensar la manera en que hacemos las cosas y que el modelo añejo de minorías debe morir para dar paso al dialogo entre hermanos mirando de frente a la nueva alborada.

04 enero, 2012

Cultura de asamblea: devolver la voz.

En un rincón del fin del mundo cientos de estudiantes se han quedado mudos. Ya no les interesa hablar ni que los escuchen. Ya no confían ni en las elecciones ni en las instancias para exponer su pensamiento.

Muchos hablan queriendo expresar su punto de vista y se atropellan en frases ensordecedoras que prometen no solo la copia feliz del Edén, sino que el paraíso mismo. Las palabras saben a alegría y descontento, a rebeldía y firme convicción. El dialogo parece avanzar pero retrocede dos pasos porque no se llega a acuerdo. Al final, siempre vuelve al origen. Hay caras descontentas pero son la minoría.

A varios más ya no les interesa entrar a la sala. Un día, a uno se le ocurrió intervenir, pero las miradas y las murmuraciones fueron más fuertes. La cultura de la asamblea hacia caer su peso en los hombros de él. Prefirió darse la media vuelta e ir a almorzar. Pasaría menos rabietas.

Varios hicieron lo mismo. La asistencia bajaba. Los que se quedaban se preguntaban por qué. La respuesta estaba, silenciosa, frente a sus ojos, pero nadie decía nada. Era mejor tacharlos de “fachos” por la votación en el plebiscito o de “inconsecuentes” por no ir. La confianza se había roto.

Entre que el caminaba y comía una barra de cereal, no podía dejar de pensar en la imagen anterior. Se encontró con varios que habían sido pasados a llevar y habían enmudecido ante aquella cultura tan densa. Conversaban siempre sobre la situación, pelaban a destajo, pero siempre llegaban al mismo punto: como no tenían peso al final quedaban en nada. Era más fácil seguir estudiando.

Aunque, lo primero que les diría a la cara, es que no saben conversar. Para dialogar se necesitan dos con altura de miras y buenos argumentos y eso no existía. Era un monologo de muchos en una sola voz.

Por eso, les diría, la primera tarea que deberían hacer es reconstruir las confianzas, traducidas en moderar el dialogo (incluso, encargando a una persona que controlara los tiempos en las asambleas). Cuidar ese respeto que es garantía de una buena democracia (que tanto dicen defender) a través de estatutos claros y públicos. O podría haberles sugerido que publicaran por correo y afuera de las salas correspondientes los resultados de la asamblea anterior y de lo que se tratara, siendo puntuales con las horas y los tiempos.

Pero cuando quiso ir y los tuvo delante de él no pudo sacar palabra. Era tan fuerte la cultura de la asamblea que había enmudecido.

¿Dictadura o Gobierno Militar?

Se denomina dictadura a una forma de gobierno iniciada con la forma violenta del poder y ejercida con una fuerte represión en contra de sus opositores, características que corresponden al gobierno de esa etapa”. (1)

¿No correspondería esta, acaso, una buena definición sobre el horror traumático de lo que fue la Dictadura Militar en Chile? El Ministerio de Educación de la Republica de Chile ha convocado a todos los chilenos y chilenas a ser parte del primer baile de mascaras del año 2012, en el que cambiaremos este concepto por el relato del autor de clásicos como Política, politiquería y demagogia, El día decisivo y Patria y Democracia:

“El 11 de septiembre de 1973 será considerado en nuestra Patria como uno de los sucesos políticos más importantes de su historia, tanto como el nacimiento de Chile (...) o como la creación del Estado Portaliano de 1830. (...) Esta dura acción militar estuvo destinada a repudiar la obra totalitaria soviética (...) que [había llevado al Gobierno] a un estado de destrucción de los cimientos democráticos desde sus bases. (...) Este gobierno no solo cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, sino que también con el apoyo mayoritario de la ciudadanía”. (2)

¿Cuántas veces han escuchado el mito de la Ocupación de la Araucanía? ¿O el de que la Independencia fue una gesta colectiva y popular? ¿O aquel que cuenta la Revolución de 1891? ¿Sabían de la existencia de los 12 días de la Republica Socialista de Chile?

Hoy hemos asistido a una nueva función en el largo espectáculo de nuestras elites por mostrarnos como cooptan, moldean y falsean a su gusto a la Historia, ese ser que se compone de vivencias y acontecimientos, con el fin de que nuestros estudiantes se formen una verdad que se aleje de lo que realmente pasó. Necesitan generar una fuerte identidad colectiva que reconozca en esa definición las causas de lo que ha pasado en nuestro país.

Digamos las cosas como son: a un sector de la población (a los menos el 12% del país) le duele en lo más hondo de la conciencia cívica el que se le llame DICTADURA al periodo comprendido entre 1973 y 1990. Salta en ira y rabia cuando se le recuerda como fue fundado el Chile del siglo XXI y como se impuso al país una verdad a sangre y fuego, arrogándose una soberanía inútil en nombre de los “altos valores nacionales”.

El gobierno militar chileno, entonces, vuelve a la escena en el gobierno democrático. Se nos vuelve a enrostrar que el orden económico-social actual está fundado sobre el visionario Pinochet, sobre las Fuerzas Armadas como garantes de la institucionalidad. Un ordenamiento que se encuentra inmerso en un discurso contradictorio incluso con el artículo 7º de la Constitución, ese que dice que “ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias la soberanía. (3)

¿Qué se hizo, entonces, con ese supuesto poder entregado a gritos por la ciudadanía? Lo que todos sabemos: terminar con la marcha democrática del país y emular a Carlos Ibáñez del Campo, su ideólogo, fundando un “nuevo Chile”. Esto, porque “Tiene una importancia fundamental el clamor generalizado de la abrumadora mayoría del pueblo chileno, del cual las Fuerzas Armadas son expresión”. (4)

Si todos hemos reaccionado como lo hicimos hoy no es solamente porque el Ministro de Educación haya llevado la línea del CEP al Gobierno o porque se cambie la terminología, es porque estamos aburridos, como colectivo social, de que quienes detentan el poder no hagan un esfuerzo por contar las cosas tal cual son por miedo a encontrarse con los traumas que los deslegitiman y que los hacen repudiables.

Este es el llamado de este columnista en representación de muchas personas que piden a sus gobernantes no hacer “goles de media cancha” y cambiar logros que permitieron la tan anhelada reconciliación nacional. La RAE define a la Dictadura como el “Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”. Creo que es hora de que nos hagamos cargo de las verdades y las contemos tal cual ocurrieron. (5)

No queremos volver a cometer el error de generar una nueva “Pacificación” de la Araucanía. Y aunque así ocurriera, los profesores sabremos contar las dos versiones: la oficial, la del libro, y la que se cuenta en pasillo, con la adecuada mesura en el relato.

Pero, viajemos al pasado y preguntémosle al propio Augusto Pinochet que piensa al respecto. El nos dice:

“Producido el Pronunciamiento Militar, el 11 de septiembre de 1973, e investido, desde esos instantes, de tan altas responsabilidades de Estado, me he detenido en no pocas ocasiones para meditar lo que para mí ha significado asumir (...) el ser gobernante y ser militar al mismo tiempo. (...) Los militares entendemos aquella permanente acción de guerra en la que se encuentra el comunismo soviético. Y por ello, quizás, somos el mayor obstáculo para la acción imperialista de la URSS”. (6)

Referencias:

(1) Ministerio de Educación. (2010) Texto de estudio Historia, Geografía y Ciencias Sociales 6º año básico. Editorial Mare Nostrum. Santiago.

(2) Augusto Pinochet. (1988). Pinochet, Patria y Democracia. Editorial Andrés Bello. Santiago.

(3) Editorial Jurídica de Chile. (1983). Constitución Política de la Republica de Chile. Editorial Jurídica de Chile. Santiago.

(4) Augusto Pinochet. (1983). Política, Politiquería y Demagogia. Editorial Renacimiento.

(5) Augusto Pinochet. (1983). Ibíd.

(6) Real Academia de la Lengua Española. www.rae.es

02 enero, 2012

Chile, país de pocos.

En un ascensor cabe el manejo económico chileno. Incluso uno de hospital queda grande. Si condensamos a las grandes fortunas en las personas que las dirigen, de seguro, caben todas en ese minúsculo espacio. Algo así es la concentración de este tipo actualmente: como antaño, como cuando existía el estanco. La diferencia es que hoy es más sutil y todos lo consideramos “normal”.

¿Es normal que un país que camina hacia las veinte millones de personas esté manejado por un grupúsculo al que jamás le hemos visto las caras? ¿Es normal que los derechos esenciales (el agua, el aire, la tierra, la educación, la salud, la previsión) sean manejados por los que se avivaron antes que nosotros y nuestro representante colectivo (el Estado) se limite a ponerle algunos atajos y a mirar cómo juega?

¿Es normal que un país que se compara con los verdaderos leones del mundo (y se sienta a la misma mesa a discutir sobre el futuro del Edén) tenga, del otro lado del muro, campamentos en donde la gente se congela? ¿Es normal que se mire en menos únicamente por el lado de donde de proviene?

¿Es normal que se legitime por tres décadas el robo a manos llenas más grande de la Dictadura militar, el sistema previsional, cuando los que manejan el sistema ganan dineros que en nuestra vida imaginaríamos y la mínima parte llega a los cotizantes?

¿Es normal que un derecho esencial como lo es la educación, ese que nivela, esa que impide que haya distinción de clases, esté desregulado en los cimientos de la última ley de Pinochet y que, cuando se quiere cambiar, los que hoy se hacen los lesos (pero que ayer gritaron “ganamos”) no quieran oír la voz de la calle?

¿Es normal que cuando ponemos estos temas sobre la mesa los que precisamente tienen las armas para cambiarlo todo (nótese, no piedras), salten a la editorial de El Mercurio a defender esa barata “razón de Estado”?

¿Es normal que Don Santiago, que se lo lleva siempre todo, deje postergadas a las regiones que sustentan, mal que mal, al país? ¿Es normal que nosotros nos quedemos con las migajas de una “ley espejo” en el que el peso que nos llega se reparta en catorce partes?

No. Tajantemente, no.

Aunque a muchos no les guste la palabra clase (personalmente no me gusta abusar de ella), el que propuso la nomenclatura tenía algo de razón. Tenemos posibilidad de ascender, pero son limitadas por un ordenamiento social que considera todas estas preguntas (y muchas otras más que no considero porque sería para tres libros) como realidades normales.

Chile, señoras y señores, es un país raro. La excusa perfecta será decir que los países que garantizan estos derechos despilfarran. Pero, ¿El Estado es el garante de la nivelación social o una empresa más que compite por la máxima eficiencia? No se trata de derrochar los caudales del Estado, pero sí de aclarar conceptos.

Chile, amigos, es un país de pocos. Aunque nos duela, aunque nos cueste reconocerlo, nuestros destinos caben en un ascensor. Diferimos en las formas de cambiar las cosas: algunos optan por la vía más radical, otros por el convencimiento y otros más por el consenso. Sin embargo, todos confluimos en una gran realidad: las cosas están mal. Si somos capaces de darnos cuenta y convencer a los otros que entre la alegría y el cambio caminamos hacia la revisión del pacto social de seguro en más de un punto convergeremos.

Sólo así en el ascensor más rico de Chile podremos caber todos. Más de algo se puede hacer. Los Presidentes tienen entre cuatro y seis años para poner su aporte para limitar el poder de estos pocos y desconcentrarlo para depositarlo en manos de los que todos los días hacemos Chile.

La historia los juzgará en este país de pocos.


26 diciembre, 2011

Bienvenido al Club: aves del mismo nido vuelan juntas.

Es increíble lo que conseguiríamos si nos detuviéramos un minuto en el largo camino de la vida a reflexionar sobre los códigos que esconden ciertos símbolos con los que estamos acostumbrados a vivir cotidianamente. El uniforme de las nanas ha dejado en evidencia múltiples problemas que subyacen a uno de los empleos más nobles de nuestro país. Es necesario establecer algunas conclusiones con respecto a este tema antes que la conversación al respecto sea cubierta por las suaves cenizas del olvido. Antes que el Año Nuevo le gane a esta noticia es necesario levantar la voz para aclarar ciertas cosas.

La Ministra del Trabajo ha hablado de indignación, que no es posible que una ley nos venga a remecer los cimientos para que cambiemos ciertas actitudes. Y no deja de tener razón: en uno de los países más conservadores de Latinoamérica y que se declara, inconscientemente, amante de la ley de maneras esquizofrénicamente aceptadas (vamos camino a las 25 mil) si una intención de cambio no está bajo la tutela del Imperio del Derecho, simplemente, no existe.

Como sociedad nos ha estallado esta realidad una vez más en la cara: el sistema señorial no ha muerto. Tres trabajos nos muestran las cosas tal cual son: los jornaleros, los temporeros y las nanas. Es cierto, se han realizado avances en fiscalización (aunque poca o nula), en equiparación del sueldo al salario mínimo (progreso elaborado en la anterior administración) y normalización previsional (en la realidad, existe una mayor conciencia sobre pagar las cotizaciones al día y respetar las vacaciones).

Sin embargo, no nos obnubilemos: Chile es arribista, clasista, segregador y, lo peor: cuando nos dicen las verdades en la cara las miramos con asombro y negamos de su existencia. De ese Chile que hemos heredado de los conquistadores convertidos, con la Colonia, en nobles, han quedado ciertos símbolos que se reafirmaron con la República: símbolos que subrepticiamente legitiman a una élite que se impone a la masa. La gran familia chilena ha establecido clubes con múltiples beneficios a los que sólo se puede ingresar con una renta. Y van más allá de la simple reunión o de adquirir un sitio para jugar tenis con el jefe: se ubican en sectores inaccesibles en medio del bosque, toman jugo natural en estilos arquitectónicos ultramodernos, poseen kilómetros de jardines que ya se los quisiera cualquiera.

No, no es resentimiento. Es poner en evidencia que al Club no entra cualquiera.

La gran familia chilena viste a la nana con los colores del futuro gris (“sus colores”) para, inconscientemente, diferenciarla de los que pagan la membrecía. Y no sólo eso: no le ayuda en el orden de la casa porque para eso se le paga. Para que decir si la deja entrar a la piscina: no ve que va con faldas muy cortas y genera escándalo en nuestros socios (no ve que como hace calor debe andar con traje de baño largo y las alforjas hasta los tobillos porque jamás han visto un par de piernas asoleándose; la señora se puede enojar).

En vez de quejarse tanto por la medida (y junto con ello, revisar y derogar la normativa que tanto revuelo causó), la gran familia chilena debería cambiar esta actitud enferma de enamorarse de los símbolos para diferenciarse. A todo le encuentran un resquicio: ya pasó con el uniforme escolar. Antes era uno solo; sin embargo, los centros de padres le cambiaron el color en pro de la identidad escolar. No bastaba con colocar solamente una insignia: tenía que ser la vestimenta entera. ¡No nos vayan a confundir con los del liceo municipal!

Cambiemos la actitud, tratemos mejor a la nana, paguémosle en el día que corresponde, respetémosle las vacaciones, ayudémosle a hacer las cosas de la casa. Como gobierno apuren los trámites y fiscalicen como la gente (pero de sorpresa si porque si les avisan cumplen la norma como por encanto). Como Congreso aprueben la normativa y no la guarden en el cajón que no sirve ahí.

Así se cambia Chile: no con promesas trilladas, no prometiendo ser la fotocopia del Edén europeo o norteamericano, no diciéndole a la gente que se aprobará la tremenda ley cuando en realidad la letra chica es más larga que la Carretera Panamericana. Así se cambia Chile: con verdad y respeto, con sinceridad y entendimiento, sacándose la venda de los ojos y mirando más allá del muro de dos metros cuarenta.

Porque sólo así esa humilde Virgen María que tanto dicen respetar podría entrar al Club sin ser segregada. Sólo así cuando se elimina el uniforme se cambia la actitud y no nos golpeamos con una piedra en el pecho el domingo en Misa en vano.

23 diciembre, 2011

Carta pública al Club de Golf Chicureo.

"Debido al aumento de niñeras en el sector piscina, les recordamos a nuestros socios el Artículo Nº21. (...) En caso de utilizar espacios exteriores podrán ser acompañados por nanas o niñeras; (...) deberán vestir su uniforme o tenida que las identifique como tales".

Estimada directiva del Club de Golf Chicureo:

Esta será una de las cartas públicas más extrañas y con más toque de resentimiento que recibirán en la vida. Parece que el país no entiende el modo de vida ni los códigos que se manejan en el barrio alto de Chile; es cierto, la gran masa de la población no lo entenderíamos nunca. No poseemos los apellidos rimbombantes y con tradición que los caracterizan (especialmente el señor Bunster, descendiente -probablemente- de uno de los financistas de la Ocupación de la Araucanía), ni las grandes fortunas que manejan. Nuestras vacaciones no son ni a El Tabo ni a las Termas de Chillán, ni apostamos nuestro dinero en algún casino de nombre reconocido. Muchos de mis parientes y amigos viajan, con mucho esfuerzo, por el día a la costa, y juegan en las “máquinas” del negocio de la tía lucha.

Sin embargo no puedo dejar de mirar con asombro e indignación cómo es que las nanas, esas nobles y abnegadas trabajadoras, son miradas en una categoría inferior por la condición laboral con la que conviven desde hace siglos. Pensé, por un minuto, que esta realidad había cambiado, pero en realidad no es así. Quiero arrogarme en esta oportunidad el representar a muchas nanas y familias de tales que no tienen voz: soy orgulloso hijo de una y no podía quedarme callado. Menos imaginándome a mi madre que, ante la falta evidente de dinero, estuvo a un paso de trabajar para gente como ustedes.

¿Quién tiene la autoridad en este país para decidir lo que está bien y lo que está mal? ¿Quién tiene el derecho, legitimado ante todos, de calificar a las personas por su categoría social?

Nuestra patria, ciudadanos, es una mezcla de muchos guetos en la que estamos casi condenados a nacer, crecer, reproducirse y morir. El que nació gerente tuvo un hijo que ocupó la empresa del papá y mandó al nieto a la mejor universidad. El que tuvo un padre político introdujo a su hijo a la política y al nieto ya lo tiene camino a ser Presidente. La nana tuvo la madre nana que trabajó en la misma casa con varios embarazos a cuestas casi hasta dar a luz, de sol a sol, tuvo una hija nana y una nieta en la que se ponen todas las esperanzas para que tenga un mejor pasar.

¿Ustedes tienen idea lo que es ser nana? ¿Saben lo que es levantarse a las 6.30 de la mañana y recorrer la ciudad por atenderles, llegar allá y recoger la ropa sucia (y las vergüenzas del día anterior), hacer la comida (a veces improvisando porque la señora “trajo gente a comer”), hacer el aseo de la casa hasta dejar impecable, volver a recorrer otras dos horas de camino, hacer el aseo de su casa, cocinar para el día siguiente, atender a los hijos y dormir más cansada que la cresta?

No, no tienen idea, porque su tranquilidad está en que le están pagando y es su trabajo. No hay argumentos.

Para ustedes, la tranquilidad que hacen las cosas bien (y que, de paso, el país está bien) es que su campo de visión es el jardín y un muro de 2,40 metros. Más allá sólo un largo camino que los separa de la ciudad. La garantía de que no son delincuentes es que compran ropa con débito sin cuotas y de marcas carísimas, tan caras que una camisa representa el pedido de un mes. Leen El Mercurio porque les dice lo que quieren oír y ven canales extranjeros para diferenciarse. El uniforme lo llevan puesto todo el día: es su forma de demostrar que pertenecen a la misma clase.

La nana no puede entrar sin el uniforme a la selecta mesa del club: debe mostrar que está trabajando y no roba, que salió de su sector para ir a servirles el desayuno y levantar la ropa interior que por flojera no dejaron en la lavadora, debe demostrar que cuida a los niños. ¡¿Para qué hacer una tremenda obra y dejar que se bañen ella y sus hijos, si no pagan la admisión?! ¡Que se bañe con el agua del grifo de su población la rota!

Estimados señores del Club de Golf Chicureo: deberían copiar a esos patrones que dejan que las nanas se sienten a la mesa con los patrones y coman del mismo plato, o que vayan a vacacionar con los niños en el mismo auto: no es ningún pecado. Esa pseudo-conciencia católica que tanto pregonan deberían ponerla en práctica: si la Virgen María viviera hoy no podría bañarse en la piscina. Debería darles vergüenza estar en la boca de medio Chile por esta actitud que demuestra su inconsciencia contra quienes realizan una de las labores más nobles del mundo: limpiar lo que ustedes dejan sucio.

Espero que esto les sirva para que cambien esta actitud vergonzante y se abran a conocer ese Chile de los desheredados, de los que trabajamos con las manos para cambiar nuestra realidad, de los que día con día abrimos un surco en medio de la calle gris para soñar con que los hijos tendrán un mejor futuro que los padres.

Muy atentamente,

Diego Vrsalovic Huenumilla.

Estudiante, columnista de medios.

16 diciembre, 2011

¿Qué significa ser del Pablo Neruda?


Y aunque las lágrimas broten, volamos hacia los sueños e ideales que nuestro corazón desea cumplir en el pronto futuro. Porque aunque este recinto esté lleno de tristeza y adiós, y quizás por dentro no queramos marcharnos, nuestras almas seguirán con el recuerdo vivo, con el Pablo Neruda marcado a fuego en el alma y en el corazón.

Discurso licenciatura cuartos medios, 2008*.

Las palabras que aquí evoco no están puestas al azar: son parte del final de uno de los tantos caminos que se han tejido en avenida Balmaceda. Un recinto que ha forjado cientos de pensamientos y virtudes que han servido a la ciudad, a la región y al país de múltiples maneras llevando el sello de las enseñanzas que aquí se imparten. En muy breves palabras quisiera contarles cuáles son las fortalezas del Liceo, lo que significó para mí y por qué habría que priorizarlo como la mejor opción frente a muchos otros establecimientos.

Hablar del Pablo Neruda es remontarse a uno de los centros de enseñanza más antiguos de la Región de La Araucanía, con doce décadas en los que ha cosechado múltiples éxitos en lo deportivo, en lo artístico, en lo cultural y en lo académico. Es formar parte de una gran familia en la que conviven todos los sectores políticos y sociales en igualdad de condiciones. Es pertenecer a uno de los baluartes de la educación pública en la que visten el mismo uniforme el hijo del gerente y el del empleado sin distinción alguna. Es respirar un sentimiento único en cada uno de sus pasillos teniendo la seguridad que se accede a una sólida educación en conocimientos, valores y actitudes que marcará la vida entera. Es, en síntesis, una de las mejores escuelas de preparación a la vida en todos sus sentidos.

En lo personal, representó una etapa trascendente en mi vida. Gracias a los profesores pude moldear la persona que era y fortalecerla en el camino a la adultez. Conocí personas que son fundamentales en el camino de la existencia, pasé por experiencias únicas, interactué con toda clase de personas, formé un conocimiento integral. A pesar de las dificultades que pudiera tener el Liceo no dejó que fuera menos que los demás, una de sus grandes fortalezas: si no hay para el almuerzo, ahí se brinda; si no se puede pagar un preuniversitario ahí se da (y sin pagar un peso, y de calidad; nada que envidiar a los otros); si hay complicaciones de algún tipo ahí se brindan las herramientas para solucionarlo. En síntesis, representó una valiosa base en todas las áreas del conocimiento no sólo en la teoría más recurrente, sino en el complejo mundo de la filosofía y las letras.

No puedo dejar de reconocer, en este sentido, la completa preparación en el mundo de las ciencias (que se puede apreciar en sus múltiples talleres, actividades y logros) y en las humanidades, el camino que elegí, especialmente en el mundo del debate, donde el Pablo Neruda ganó un torneo nacional televisado a uno de los establecimientos más fuertes del país, de la mano con el profesor Juan Jiménez.

En este sentido no se pueden omitir las fortalezas que posee el Liceo. Como en todas partes se hace una contribución, que es muy pequeña y que brinda una serie de beneficios que en otras partes costarían mucho más. Esto nos permite acceder a profesores que se encuentran en constante perfeccionamiento y que entregan una enseñanza muy completa y que nos pone a la par con otros colegios particulares. Pero no solo eso: como he destacado, uno entra a una comunidad de aprendizaje vinculada con su medio, con una gran familia de la cual uno no se desprende jamás.

Por eso, el Pablo Neruda de Temuco es la mejor alternativa no sólo en conocimiento y calidad de la enseñanza, sino que para tener un primer acercamiento a lo que es la vida en lo positivo y lo negativo. Convivir con todos y conocer muchas realidades estando de igual a igual en comunidad es algo que no se consigue en todas partes. Lo que marca la diferencia con los demás es la tradición y ser parte del liceo más antiguo de La Araucanía.

Hoy, como futuro profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, puedo comprobarlo. No hay mejor lugar para empezar la vida que el Liceo Pablo Neruda de Temuco.

*Este artículo no alcanzó a salir en un documento del Liceo pero lo difundo para que la comunidad de la Región sepa lo que significa estudiar en este lugar. El discurso fue pronunciado por mí en el año referido.


15 diciembre, 2011

La risa.

Nuestra sociedad es tan pacata que le tiene una aversión a la risa. Reírse es ser desubicado, es salirse de la norma, es algo oculto que no debe ser mostrado, es quedarse callado porque no corresponde. Es verdad, a veces por ubicación o porque no es el contexto no se puede, pero las más de las veces nos hacen callar porque simplemente no hay que hacerlo.

La sociedad chilena le tiene pánico a la risa. No sé si será el clima o la conformación histórica como colectivo social, pero éste valora más la seriedad porque demuestra que la persona es responsable y trabaja bien, la fortaleza porque demuestra que la persona está bien armada, la belleza porque, por alguna extraña razón, es signo de mil virtudes. Pero no se vaya a reír usted porque los tres sujetos que le acabo de describir lo mandan a callar.

No hay que reírse mucho porque seremos igual que monos, no hay que salirse de la norma porque seremos mal mirados. Especialmente en las mujeres: la señorita que se ríe mucho pierde respeto, es mal vista y deja de serlo. En síntesis: esa emoción que nos sale del alma y que muchas veces no podemos evitar es reprimida porque a los demás no les gusta. Como sociedad estamos tan enamorados de esas virtudes que forman parte de una piedra que no dejamos espacio a la risa.

Pregunta: ¿Alguien de ustedes es absolutamente serio, absolutamente responsable y absolutamente bonito? Si es así, que bueno, bien por usted; pero le cuento que la mayoría de la gente no lo es. Y esa mayoría se acaba de dar cuenta que en realidad es la sociedad la que empuja a que, en el camino de modelar las emociones, evite reírse.

Esta reflexión, muy pequeña por cierto, invita a que nos enamoremos otra vez de la risa, porque forma parte de nosotros y es una de las emociones más hermosas del ser humano. Nos acompaña siempre y en todo lugar y, siempre que no nos desubiquemos, es hermosa.

Si tiene ganas de reírse en la micro, hágalo. Si tiene ganas de reírse antes de dormir, hágalo. Si tiene ganas de reírse ahora de un chiste que era muy fome, hágalo. Y si no quiere reírse, bueno, vaya a hacerlo a la casa de su abuela.

13 diciembre, 2011

El llanto.

El alma, esa lucecita brillante, muy densa y muy liviana ubicada al centro de nosotros, que nos permite viajar a través del tiempo y del espacio, que nos ilumina en los sueños, que se desprende de nosotros al desdoblarnos sin darnos cuenta y que nos permite mirar y hablar sin decir ni una sola palabra, es tan maravillosa que es capaz de condensar las emociones en una gota de agua y botarla al mañana lentamente, dejándonos más vacíos y más libres. Eso, para mí, es una lágrima.

Esa lágrima se junta con otras y forma el llanto, un torrente de emociones que nos saca de dentro lo que no podemos decir con palabras. Está condicionada a la capacidad de encontrarnos con nosotros mismos y sacar afuera lo que tenemos atrapado. Si no lloramos es porque no somos capaces de encontrarnos con nuestras emociones más profundas y sacarlas a la luz.

La sociedad nos obliga a no llorar, a mantenernos serios y a reírnos en los momentos justos. Nada de salirse de los cánones impuestos: hay que pasar las penas muy rapidito y olvidar lo que nos pone tristes. Hay que dar vuelta la página lueguito y seguir viviendo como si nada.

¿Cuántas veces no hemos querido llorar y no hemos podido no precisamente porque no queramos, sino porque nos dicen “deje de llorar mijito, usted es hombre y no puede”, o “déjate de pensar en esas tonteras y da vuelta la hoja”? ¿Cuántas veces, especialmente cuando niños, no hemos debido escondernos debajo de la cama para poder sacar a flote las emociones? ¿Cuántas veces, viendo una película o escuchando una bonita canción no hemos sentido ganas de llorar y, por esa misma presión social, no nos hemos dicho “no, no debo”?

La sociedad es la que nos obliga, muchas veces, a moldear las emociones para no quedar mal con el resto. Por eso es importante darnos cuenta que si no lo hacemos es porque así nos criaron desde siempre, lo que no significa que esté bien. Llorar no es signo de debilidad o de inferioridad, es encontrarnos con lo más profundo que esconde el alma. Nos vacía, nos limpia y nos libera, nos hace más grandes, nos fortalece. Saca de nosotros eso que no queremos hablar y que mantenemos escondidos.

La invitación de hoy es a no tenerle miedo a llorar porque quizás no podamos dejar de hacerlo y a entender que cada lágrima que botamos es un paso más en el largo camino de la existencia. No nos va a hacer ni más tontos ni más débiles, sino que nos convertirá en personas más limpias por dentro y más reconciliadas con nosotros mismos.

No tener miedo a llorar es no tener miedo a vivir.

12 diciembre, 2011

El carisma.

Esta es una reflexión muy cortita, pero que espero sirva para reflexionar y matar el tiempo que lo llevó a revisar esta columna. Este pensamiento parte de lo importante que es ver a un líder carismático.

Cuando hablo de líder inmediatamente se asocia a los dirigentes que estamos acostumbrados a ver en televisión. Sin embargo, en nuestro trabajo, en nuestra familia, entre nuestros amigos vemos líderes. Esas personas que están a la cabeza en alguna parte y que son nuestros referentes en muchos ámbitos; esas personas que son importantísimas en alguna área y son capaces de manejar las situaciones de buena manera. Esas personas que, como bien dice la palabra, lideran en algo que saben hacer muy bien.

Uno de los atributos que quisiera rescatar más allá de su habilidad en alguna materia, es su carisma, una cualidad que todos irradiamos pero que, cuando somos líderes en algo, es más importante aun. El carisma es una cualidad que nos permite expresarnos de manera sincera y cercana (sin perder la jerarquía), nos posibilita irradiar motivación, nos envuelve en un ambiente de trabajo que nos facilita el compartir las tareas y, acompañados de una sonrisa, trabajar todos juntos.

Todos somos líderes en algún aspecto de nuestras vidas y todos somos importantes en algún momento de la existencia. No hay nada mejor que trabajar con más personas en que algo salga bien y que la persona a la cual obedecemos sea carismática. Porque no hay nada mejor que un líder cercano, ameno, al cual uno pueda acudir con confianza a solicitar algo.

Por eso es importante el carisma: porque a los líderes les quita esa atmósfera que los envuelve de semidioses y los deja más cercanos a las personas que dependen de ellos. El trabajo, a la larga, se lleva de mejor manera.

10 diciembre, 2011

Correr el tupido velo.

Después de leer mucho, al punto de convertirse en una obsesión, no pude dejar de preguntarme ¿Qué es correr el tupido velo? ¿Es, quizás, reencontrase con lo más puro del alma? ¿Es, por qué no, correr la alfombra para desempolvar recuerdos viejos de un baúl perdido? ¿Es, probablemente, detenerse un minuto a reflexionar sobre los grandes momentos de la vida? ¿Es, preguntarse, en qué minuto quedó la niñez fracturada?

Estas líneas que componen esta tela de arpillera no son precisamente parte de una columna. Es, más allá de todo, una pequeña reflexión sobre lo complejo de la etapa más importante de la vida: la niñez (y su fractura).

Los niños son los seres humanos en estado puro. No conocen más ocupación que los juegos y, siempre en el ansia de descubrir, no saben de envidias, de tristezas o dolores imborrables. Son los niños más grandes, los adultos, los que moldean su camino, corrigen su andar y los preparan para que sean igual que ellos. No, no se puede acariciar el rostro del vagabundo; no, no se puede jugar con tierra; no, no se puede reír cuando todos están en silencio.

Y no, hay que emigrar del hogar porque la historia de los niños más grandes que los cuidaban y que había que obedecer terminó. Porque ellos no son tontos: perciben cuando la madre los abraza fuerte porque se siente amenazado por el padre, o cuando él lo protege porque ella lo reta mucho.

Los niños son un mar de sensaciones puras y una esponja que todo lo absorbe. Sus juegos son el oráculo por el cual se vislumbran las profesiones del futuro y sus palabras son las reflexiones más sabias de la existencia.

La invitación de hoy es a cuidarlos cuando se produce ese quiebre de la unión que un día fue amor. Sí, ese que algún momento dio como fruto los hijos y que se desgastó por millares de cosas. Porque los únicos responsables de las futuras revisiones de la niñez fracturada y de las opresiones en el pecho por esconder tantos años la basura debajo de la alfombra son los padres. Sí, ambos.

Estas palabras que pueden parecer inconexas apuntan a dejar de hablarles con añuñucos y enfrentarlos con la verdad, con el filtro necesario para la edad pero con la sinceridad más absoluta. A contarles lo que está pasando y no pensar que son tontos y que no entienden nada. Hay que evitar que tomen parte por uno de los dos padres y que se conviertan en el escudo con el cual se defienden del otro, por más traumante que sea la situación, porque eso implica convertir una esponja en una pesada piedra llena de lágrimas sin lentes que seleccionen lo que quieren ver y lo que no.

Pero, por sobre todo, hay que apartarlos cuando las cosas se vuelvan densas porque ver demasiado es dejar a un ser humano con la niñez fracturada. Y el volver al recuerdo cuando adulto y revisor de la existencia será seguir escondiendo el polvo bajo la alfombra y un ciclo sin cerrar.

La separación (la suma de los problemas de la pareja) es un problema de los padres que se hace extensivo a los hijos. Y cuando no se les amortigua de la manera correcta puede ser un quiebre irreparable. Les invito a que se pongan en su lugar por un minuto con los ojos cerrados tratando de conectarlos consigo imaginando qué pensarán ante ello. Eso puede transformar un dolor en un eterno agradecer por el colchón que se puso.

Porque cuando se corre el tupido velo y se revisa la existencia hallando la niñez fracturada la única vuelta que le pueden dar los padres a la situación cuando no hay nada más que hacer es un abrazo sincero y una disculpa. Pero, cuando hay tiempo para meditar por un segundo el llanto, más de una voluntad puede cambiar la existencia de ese niño pequeño o no tanto.

Esa es la diferencia entre un niño más grande que llora porque lo apartaron de la situación y otro que se emociona porque vio demasiado recordando el pasado corriendo el tupido velo.

09 diciembre, 2011

El mal del mejor amigo

Caminando un día con mi pareja por una avenida muy transitada del centro de la ciudad le dije “vieja, yo tenía el mal del mejor amigo: siempre me terminaban gustando mis mejores amigas”. Acto seguido, le digo que al ver varias historias más me di cuenta que no era el único. Varios más tenían esa “enfermedad”.

Todos tenemos categorías para clasificar a nuestros amigos, esa familia que escogemos y que nos acompaña siempre. La cambiamos según la afinidad, los intereses, los gustos, las ideas. Nos mantenemos con ellos porque nos sentimos cómodos y podemos confiar cuando los necesitemos. Así como están los conocidos, también están nuestros mejores amigos.

Hoy quiero ilustrar lo que les digo desde el punto de vista del hombre.

El macho como sujeto social se murió. Durante siglos, para afirmar una figura de poder que regía los destinos del mundo se creó la imagen de hombre fornido (incluso lleno de esteroides), sabio hasta que ya no le puedas preguntar más, exitoso en el trabajo, con muchas mujeres, un maestro en la cama, con una herramienta del porte del mástil de la bandera del bicentenario. En fin, el hombre perfecto.

A las mujeres les pasa que, el ideal al que deben llegar, es más público y por eso existen tantos productos que le ayudan. Sin embargo, al hombre le sucede (y muy a menudo) lo mismo que a ellas: igual nos vemos presionados de una forma más bruta a alcanzar ese ideal. El que no es así se pudrió en las aguas de la vergüenza y la marginación.

Cuesta mucho entender que es la sociedad la que presiona a alcanzar esas metas y otorga todo para que nosotros seamos así (con una tremenda barrera económica). Para poder entender que debemos aceptarnos tal cual somos pasan años. Después de muchos llantos y risas recién podemos reconocer que no importa si no somos perfectos, que somos hermosos así como estamos.

¿Y qué tiene que ver esto con el mal del mejor amigo, me dirán? Harto.

Porque en ese proceso de aceptación e inseguridades escogemos a nuestro prototipo de “mujer ideal”, esa que encarna todos los valores, virtudes y defectos que esperamos de una pareja. Ella es la que está siempre con nosotros, la que se ríe de nuestros chistes, la que es nuestro paño de lágrimas (la que, sin querer serlo, es cruel porque nos cuenta cómo le ha ido con la persona que le gusta y lo enamorada que está de él). En suma: es una relación de pareja sin sentimientos (al menos de ella).

Y nosotros, los muy tontos, cambiamos a veces casi por completo: nos vestimos diferente, las invitamos a mil partes, las llenamos con palabras bonitas (y un montón de indirectas) pero nada. Y ella se sigue fijando en el bruto que le llena el pensamiento. El problema es cuando les resulta, se van y nos dejan de un día para otro. Es decir, nos usaron mientras les servíamos y después “si te he visto, no me acuerdo”.

Pasa un tiempo sin vernos y después, de la nada, nos volvemos a encontrar. Muchas veces nos reprochamos todo lo que nos hicimos y volvemos a ser amigos como siempre. El problema de muchos hombres (en parte porque como no cumplimos con ese ideal nadie nos pesca) es que vemos en ellas el llenar ese vacío de no tener pareja y de que no nos quieran como tal. Responde a solucionar esa carencia afectiva que es fundamental y que todos necesitamos. Si nos fijamos en la mejor amiga, también, es porque no sabemos diferenciar los afectos (principalmente porque no nos enseñan), y ese cariño que nos brindan no es que les gustemos sino que lo demuestran de otra manera.

También pasa porque no sabemos conversar.

Y no me digan que no les ha pasado porque más de alguna vez les ha tocado vivirlo. Esta vez lo importante no es solucionarlo sino que darnos cuenta que simplemente nos pasa y es parte de la vida, porque ello también nos posibilita saber cómo somos y cómo actuamos en ciertas situaciones. Pero, lo más importante, es darnos cuenta de qué nos pasa, cómo nos pasa y cómo podemos solucionarlo.

Y felicito a los pocos que les resulta. Porque, díganme si no, pucha que cuesta que pase.