Desde Temuco, la opinión de Diego Vrsalovic Huenumilla, de raíces mapuche, chilenas y croatas; Licenciado en Educación y Profesor en práctica de Historia, Geografía y Educación Cívica UFRO. Presidente de "Defendamos la Ciudad de Temuco" y cantante de cueca chora con "Los Palazuelos". En Twitter: @diego_tco
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Gracias, chiquillos.
Antes que todo, mis agradecimientos van a quien inspiró por primera vez estas ideas y que ha sido fundamental en perfeccionarlas. A mi Nela, a Daniela Queupumil, gracias, por tu amor, tu comprensión, tu confianza, tu sabiduría y tu belleza que se traduce en esa alma tan preciosa que tienes. Gracias, por todo.
Hay dos personas que han sido fundamentales en el incio de este ciclo de columnas. A Evelyn Roa, quien fuera la primera persona que las dinfundió, muchas gracias. Y a Priscila Garcés, quien me diera la pauta para perfeccionar algunas de las columnas que vieron la luz. En ellas quisiera agradecer también a todos mis amigos, quienes han permitido que esta Maleta tome forma.
Twitter ha sido fundamental en todo esto. Quiero agradecer también a todas los seguidores en esta red social que hoy tanto ruido genera. A todos quienes han permitido que hoy Maleta de Opiniones y este autor sea lo que es, quiero darles las gracias. Un reconocimiento especial merecen la Izquierda Tuitera, a quien la tengo un cariño especial, a don René Aucapán, quien ha relevado temas de este blog permantentemente; a Marcela Momberg, Carmen Castillo y Natalia Flores, a quienes sigo muy atentamente, y a tantos seguidores que, sin su aporte y ayuda, no habría podido admirar esa cifra.
Se me hace corta la gran cantidad de personas a las que debo agradecer. A través de esta pequeña muestra hago extensivo estos reconocimientos a todos.
Mención especial, desde el alma, debo hacer a todos los medios en que algún artículo mío ha salido a la luz. A La Opiñón y al Boyaldía, miembros de la red de diarios ciudadanos Mi Voz, a El Mostrador, por sus inclusiones, a El Quinto Poder, por su siempre constante acogida en un sitio caracterizado por la inclusión y la tolerancia. A Sala de Profes, porque ha acogido mis opiniones sobre esa ciencia fabulosa y mágica que es la pedagogía; a Asuntos del Sur porque también me he podido explayar mirando hacia esta zona que tanto amo que es Latinoamérica.
No puedo dejar de mencionar a los medios en que también han salido mis notas, de los primeros que incluyeron estas ideas inclusive. A El Observatodo y el Morrocotudo, al Naveghable y al Concecuente. Muchas gracias, muchachos.
Quiero mencionar también al tuiter de la Democracia Cristiana que, aunque no comparta algunos de sus planteamientos, fue el primer medio en difundir mis columnas. Y, aunque parezca paradógico, al tuiter de la Juventud del PRI, que también ha ampliado la voz de estas letras que pretenden mejorar esta sociedad desde las ideas concretas y consensuadas.
No se me puede olvidar en esta hora a la noble labor de Radio Villa Francia, que también en este tiempo ha difundido este pensamiento y hemos conversado sobre nuestro pasado reciente. Muchas gracias y felicitaciones por emprender tan precioso oficio; siéntanse siempre orgullosos de ser parte de un lugar lleno de historia, lucha y esperanzas de surgir. Me siento parte de ustedes.
Esto es un ejemplo de que desde la transversalidad se puede. De que hay ideas comunes que permiten construir una sociedad mejor y que, desde la unión de la centroizquierda, podemos conversar un proyecto de país que responda con soluciones actuales a nuestros problemas y rompa los prejuicios del ayer. Hoy nuestro objetivo común es derrotar una lógica del poder que ya no se consigue desde la Concertación, sino que desde la superación de la misma y desde la búsqueda de nuevos frentes que, con un proyecto de Estado y de país conversado por todos, permitan ese viejo sueño de que todos vivamos mejor (al fin).
Siempre es necesario agradecer a quienes han ayudado a ser lo que uno es: ésta es la ocasión precisa. Principalmente porque he desaparecido de la nada puesto que la Universidad ha puesto muchísimos trabajos en medio. Soy Vicepresidente de la Agrupación de estudiantes de pedagogía Joven Educa, de la Universidad de la Frontera, en la que he puesto todo mi tiempo en potenciar para ser un referente en el tema a nivel regional.
Con eso, he estado desarrollando proyectos de investigación, ayudantías, los ramos en sí y, en el corto plazo, comenzaré una carrera política para ser consecuente con mi pensamiento, que es querer cambiar las cosas "desde dentro" de la manera más complicada pero más eficaz a mi juicio: convencer, desde el recambio generacional, a quienes manejan poder para que escuchen lo que nosotros, la masa, la ciudadanía informada, pedimos con urgencia. En esa lógica postularé a algunos puestos, desde las comunicaciones, si es que se confirma, en la Federación de Estudiantes y en una colectividad política.
Comprenderán que, por todo esto, me he desaparecido del mapa un tiempo. Espero disculpen a este escritor. Tengan muy presente que en estas semanas han surgido muchísimas ideas y opiniones que llenarán esta Maleta muy pronto con lo que ustedes quieren ver.
Estos son agradecimientos muy personales y extensos. No les doy más la lata. Solamente quiero insistir en lo importante que son todos para mí y que sin su ayuda no sería quien soy.
Nos vemos pronto. Un abrazo fuerte desde Temuco, el corazón de la Frontera.
Diego.
29 marzo, 2012
Micrero, escucha: ¿Me lleva por escolar?

19.15 de un día jueves cualquiera. Calle Las Quilas con una esquina cualquiera. Viene la 8A, se estira el dedo para detenerla y hace como que se acerca pero no para. Es más, sigue de largo con un conductor que se ve apurado. Los estudiantes se enojan, como es lógico, y gritan improperios difíciles de reproducir en este medio. No se alcanza a notar la patente de los rápido que va. La chica le dice al muchacho “¡Pero pa’ qué mostraste el pase!”.
No, no es una obra de teatro: es lo que sucede día con día en las calles de Temuco y de Chile. Hay varias cosas que se esconden tras ese simple hecho que no deben dejar de mencionarse.
Partamos por la máquina. Lo primero que se vislumbra, junto con el color de la micro y la línea es el letrerito que dice “tarifa escolar rebajada con aportes del Transantiago”. Es decir, el pasaje está barato porque una “ley espejo” nos regaló la plata. Un peso que va a Santiago es un peso que debe dividirse por catorce para cada Región. Lo peor es que si uno paga los $130 del pasaje, la cara de quien maneja el transporte público no es la más alentadora.
El pase escolar, obligación de su porte y uso para el estudiante, es un cuento aparte. Emplazo derechamente al Gobierno de Chile por haberlo reemplazado por el nuevo, pues es de pésima calidad, fácil falsificación y deterioro rápido. Tiene el récord de que en menos de un año a muchos se les peló una buena parte, mientras que el anterior estaba intacto desde hacía años. La razón: había que acabar con símbolos de la administración anterior que hacían inevitables los recuerdos y comparaciones. La sacaron peor: ahora es más irresistible comparar con los otros que eran de mejor calidad y de un color que, aunque chillón, llamaba la atención más que éste. No era necesario sacrificar diseño gráfico por calidad.
Pero eso no es lo peor: la gestión de la Junaeb es pésima. No estoy en conocimiento de si habrán solucionado esta falencia (bienvenida es la aclaración), pero se demoran muchísimo en gestionar los pases, tomar la foto, imprimir una tarjeta que no debe costar más de $50 y entregarlo. Y, si se pierde, no hay solución alguna. Los conductores no creen que se perdió por culpa de la mínima fracción que se aprovecha de la tarifa rebajada y echan abajo al que no porta la credencial. Por favor, ruego: no se comprometan con fechas, que el chofer las va a revisar (y si no están los pases, nos echan abajo diciendo “no tenemos la culpa”).
Es verdad: muchos se aprovechan del precio mínimo para viajar barato al centro comercial o a juntas sin mayor relevancia, que nada tienen que ver con el estudiar. Sin embargo, esto corre más bien para educación básica y media. Los universitarios no manejamos la misma semana de los demás: a veces dura cinco, ocho o diez días, sin horarios definidos ni lugares fijos. Es decir, a veces tenemos que ir al otro lado de la cuidad para conseguir un libro o estudiar, ni ir con mochila (recordemos que muchos trabajan con programas computacionales, lo que hace más difícil demostrar que estudiamos). Muchos días estudiamos desde muy temprano hasta muy tarde y no necesariamente tenemos la “pinta” para demostrarlo.
Pido respetuosamente a la autoridad y al gremio del transporte hacer una aclaración pública y determinar y hacer cumplir dos cosas: los horarios de uso del pase y definir claramente, con normas claras, qué es un motivo de estudio (o por lo menos lo que se tolerará en las micros como eso). Me disculparán, pero andar con una bolsa de supermercado o un paquete de papas fritas no demuestra nada, es sólo un trámite más. No necesitamos tener apariencia de gerente para demostrarles que estamos estudiando.
A quienes infringen la ley, falsifican pases y no respetan la norma, que se les castigue con todo, porque empañan a los estudiantes y ciudadanos que sí hacemos nuestra pega, que es estudiar. Pero a los honestos, a los que nos sacamos la mugre tratando de hacer las cosas bien, que se nos respete, así como respetamos el duro trabajo de transportar a cientos de miles de personas al día. Como dicen por ahí, “cuentas claras conservan la amistad”.
Y así usted con su pega y nosotros con la nuestra, en paz. La idea final es que tanto la Junaeb como el gremio del transporte entreguen el mejor servicio posible y a nosotros tampoco se nos dificulte la compleja tarea de estudiar para que las condiciones de todos también sean las mejores que se puedan lograr.
28 marzo, 2012
¿Qué esconde, en sus neumáticos, la barricada?

La barricada es un punto de explosión social que puede tener múltiples significados. En esta oportunidad, no quisiera ni defenderla ni atacarla, sino denotar algunos elementos que pueden servir para discutirlos cada vez que veamos una. Antes que todo, es necesario quitar frases como: “es un atentado al Estado de Derecho”, “es un rompimiento del orden público”, “es una resistencia contra el capital”, “es una forma de lucha legítima”.
¿Cuándo explotamos en rabia? Cuando se nos acaba la paciencia. ¿Cuándo dejamos de hablar? Cuando hay otro que no quiere conversar. ¿Cuándo tenemos ganas de golpear? Cuando acumulamos rabias, resentimientos y conversaciones que nunca se dieron. Pues bien, a nivel social esto opera de manera mucho más compleja pero similar.
La barricada, amigos y amigas, es una de las tantas formas de resistencia que tienen ciertos sectores contra el orden actual y pasado. Es la más radical de todas, la que corta el tránsito, la que quema el orden público, la que arma esa pequeña batalla contra la policía uniformada en todas partes del mundo. Desde quienes la conforman (para no insistir con la visión de siempre, esa que siempre sale en las noticias), es un medio legítimo para expresar el descontento. Ojo: legítimo no debe enlazarse necesariamente con correcto.
Nadie quiere llegar a ese minuto en que la calle se corta. Nadie quiere que la policía se enfrente con los que interrumpen el tráfico de personas y vehículos. Sin embargo, su principal virtud es que es un llamado de atención con luces de fuego hacia la autoridad para que cambien las cosas. Genera un impacto mediático muy breve y logra efectivamente hacer que se hable del tema. Sin embargo, no pasa de allí: llegan “los verdes” y hasta ahí llegó la cosa.
¿Nadie se ha preguntado alguna vez por qué es que siguen pasando, a pesar de los años? ¿Alguien se ha cuestionado cómo es que siguen a pesar de los cambios que han pasado por nuestro país? Bueno, debe ser que algo pasa.
¿No será que los que están en el poder no están haciendo algo bien? ¿No será que la barricada es para tirarle las orejas a los que gobiernan, independiente de su ideología, para que hagan la pega en beneficio de la gente y no de sus compadres y amigos de aquí y afuera? ¿No será que en vez de apagar la barricada a punta de lumas y gases sería más efectivo ir y preguntar qué pasa?
Todo gobierno, en el sistema ultrapresidencialista, liberal y neoconservador chileno, tiene dos caminos: hacer como que nada pasa o ir y atacar la raíz de los problemas para darles solución definitiva o, al menos, avanzar en ese empeño. Es decir, optar por la vía histórica de resolución de los problemas sociales o pasar a la historia (independiente de si las dificultades eran “de este gobierno” o “del anterior”).
Es más difícil, costoso y engorroso, pero se puede. Otros lo han hecho y han salido bien del empeño. El que no quiera al menos preguntar por qué prenden los neumáticos, bueno, cosa de él. Sin embargo, lo que demuestra la barricada es que ese fuego arderá mientras haya algo que no anda bien. Más en momentos como éste en que las cosas en Chile no se manejan de adecuada manera.
A la autoridad le digo: vaya y pregunte por qué prendieron fuego en la barricada y busque una mínima solución. Le garantizo que varios neumáticos dejarán de arder.
27 marzo, 2012
Daniel: el peso de ser "maricón" en Chile.

Estoy tan impactado como todos ustedes por lo que han escuchado. No hay palabras para describir el dolor que debe haber sentido Daniel cuando lo torturaban, lo masacraban, lo golpeaban. No hay analogías para relatar cuánto debe haber sufrido aquel hombre antes de que su alma comenzara lentamente a desprenderse del cuerpo. No hay líneas que puedan cargar con el dolor que debe haber sentido cuando se le pasó toda la vida por la cabeza. No hay letras que puedan reflejar la carga del momento en que lo señalaban de “maricón”.
No hay nadie más que sienta lo que el sintió cuando lo molestaban en el colegio porque sabían que era “raro”. Nadie más que él sabe cuánto sufrió cuando sintió por primera vez atracción por un hombre (cosa penada por la sociedad). Nadie más que él sabe cuánto le dolían las miradas extrañas, los pelambres, los cuchicheos de conventillo, las amenazas de que le iban a pegar. Nadie más que él sabe lo mal que se siente que le hayan dicho “maricón”.
Nadie más que él sabe las penurias que pasó porque tenía que enfrentarse a una sociedad que lo castigaba sin querer, por querer ser dueño de su voluntad y tener los cojones para enfrentarse a la sociedad y querer a otro hombre como los heterosexuales queremos a las mujeres. Nadie más que él sabe el miedo atroz a que la familia lo rechace, a que el padre deje de lado los prejuicios y lo quiera. Nadie más que él sabe cuánto lloró por todo lo mal que se sentía cuando la gente lo apuntaba con el dedo, o cuando sintió miedo a que su padre lo mirara con odio y le decía “maricón”.
En Chile, ser “maricón” es más castigado que matar a otra persona. Porque es un país que aun cree que el hombre debe sentarse frente a la tele y babear con el fútbol y la mujer debe subyugarse a lo que él quiera. El que se sale de la norma es un criminal, un raro. Simplemente, no es hombre.
Somos especialistas en enorgullecernos de nuestra democracia y decir “nunca más”. Bueno, esta es la manera de demostrar que no queremos que jamás vuelvan a repetirse este tipo de situaciones. Chilenos, chilenas: esto es la democracia. Es respetar al otro tal cual es, es no imponer ideología o pensamiento alguno, es buscar el acuerdo y el entendimiento simplemente porque somos hermanos, porque somos miembros de la misma comunidad, porque nos alojamos en la misma casa.
Esto es la democracia. Es no discriminar, es tolerar, es mirarnos a la cara y conversar. Nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otro porque se le ocurrió y le dio rabia que no le gustaran las mujeres. Es no torturar, descuartizar y matar al otro porque se te ocurrió que era un “maricón”. Esto es lo que perdieron nuestros abuelos y ganaron con mucho esfuerzo nuestros padres.
¡Hasta cuándo tiene que seguir pasando algo grave para que nos demos cuenta que las cosas no están bien! ¡Que quienes tengan que entender se pongan los pantalones y sean bien hombres y respeten al que no es de su condición! ¡Comprendan que tildar al otro de “maricón” y quitarle la vida es tan fuerte como matar en vida! ¿Cuántas muertes más deben ocurrir para que aprendamos, de una vez por todas, a respetar al otro como se debe?
Ese “maricón” al que tanto apuntaron hoy ha muerto. Tengan por seguro que su partida al cielo, a ese cielo de todos por igual, no ha sido en vano.
25 marzo, 2012
Chile necesita un cambio (pero de líderes).

Mirar las noticias hoy es como leer un libro de historia situado en 1924. Los parlamentarios discuten cuánto ganarán mientras que diversas leyes sociales no son aprobadas. Chile está a punto de estallar y Alessandri “aviva la cueca” envalentonando a las masas para que lo apoyen. Todo antes de que interviniera la casta militar y se abriera un ciclo de tumultos políticos que acabaría recién en 1932. Edwards miraba los acontecimientos de su tiempo (por cierto, de una manera muy acertada) con un ojo crítico que lo llevaba hasta “el día antes de Lircay”, es decir, a una transformación radical en el orden y el sistema político.
No podemos dejar de observar ciertos hechos que saltan a la vista. Concertación y Alianza son dos variantes de una misma realidad económica que, con ciertos matices, se mantiene. Miles de personas salen a las calles a mostrar el desacuerdo ante el manejo y abuso del sistema económico, nuestras autoridades parecieran no oír las voces que piden avances (que realmente se noten) y nuestra clase política se mantiene ahí, inamovible si no es por la acción de las masas informadas que piden reformas estructurales.
22 años de democracia nos enseñaron que ya pasó la época de los grandes discursos sin fundamento, del voto únicamente “por la persona”, y del sufragio “por el partido” (o porque es “de la Concertación”). Hoy se hace necesaria, más que nunca, una generación de líderes que provenga de las masas, que sea capaz de recoger el sentir más fino de la gente y lo transforme en propuestas de solución concretas y visibles. Es fundamental que la política tradicional se renueve para dar paso a las nuevas generaciones salidas de la calle.
Sí, hay mucha gente que “hace la pega”, eso no se puede negar. Sin embargo, hay mucha gente que se aburrió de esa forma “vieja” de hacer política en la que prima el compadrazgo, el apellido, la negociación entre cuatro paredes. Lo bueno es que no debemos perder la calma: esa generación está aquí, para germinar un nuevo grupo de líderes que, de seguro, no estará tan contaminado como los que tradicionalmente manejan el poder.
Ello devela la necesidad de nuevos perfiles de liderazgo que combinen la acción efectiva con el conocimiento de las reales necesidades de los movimientos sociales, el recorrer cada punto del territorio con el sustento teórico y las ideas que sustenten el accionar. Y, por sobre todo, no perder las raíces, no perder la calma y estar siempre dispuesto a buscar el acuerdo.
Varias personas calzan en este perfil. Es de esperar que su incorporación a este mundo tan complejo (y quienes lo manejan, algunos al punto de que se creen “indispensables”) no los mate en el camino.
Tolerancia y democracia.

En Chile y el mundo, 1990 fue un año clave para la democracia occidental-liberal: Pinochet entregaba el mando con la paradoja fundacional de la República Concertacionista, avances económicos “ejemplo” para el mundo con una fractura tremenda en lo social. La nueva coalición de partidos que recibía el país estaba en condiciones de cumplir el programa de gobierno que algún tiempo antes había elaborado.
Según este programa, la educación “debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales (…) así como favorecer la tolerancia y la comprensión entre las personas”. El sistema, en su conjunto, debe contribuir entonces al encuentro y la tolerancia como valores democráticos, y a la cicatrización de la nación fragmentada.
Un avance significativo en este ámbito fue enseñarnos lo que era la tolerancia, el respeto y el encuentro. Una de las consecuencias indirectas de la Reforma Educacional impulsada por el Banco Interamericano de Desarrollo fue potenciar el que volviéramos a hablar.
Ello se ha visto potenciado por medio de los trabajos en grupo y el encuentro permanente. Reflexionar sobre el pasado reciente en asignaturas del área de las humanidades, ha posibilitado el internalizar que una situación como la de 1973 no debe volver a repetirse, propugnando la consecución del diálogo como medio para resolver los conflictos.
Es lamentable que a ratos se nos olvide que este logro no es gratuito y que costó miles de esfuerzos, protestas y muertos a nuestros padres. Es lamentable que muchas veces, grupos que pretenden imponer una visión de la existencia terminen matando a otro porque simplemente se les ocurrió que estaba mal.
Procuremos no perder ciertos valores democráticos que se han transmitido en la escuela y que han servido de mucho para recomponer nuestra fragmentada democracia. La tolerancia nuevamente se ha puesto a prueba y, en esta ocasión, ha perdido.








